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	<title>hipercroquis &#187; readscapes</title>
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	<description>arquitectura + media desde 2006</description>
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		<title>François Ascher: Ciudades con velocidad y movilidad múltiples</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Nov 2006 10:34:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier milara</dc:creator>
				<category><![CDATA[críticas]]></category>
		<category><![CDATA[geográficas]]></category>
		<category><![CDATA[readscapes]]></category>
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		<description><![CDATA[Ciudades con velocidad y movilidad múltiples: un desafío para los arquitectos, urbanistas y políticos (1) &#160; François Ascher Profesor Institut Français d&#8217;Urbanisme, Université Paris 8, París, Francia. Presidente del Consejo científico y de orientación del l&#8217;Institut pour la Ville en Mouvement, París, Francia. Resumen. La opinión pública usualmente se involucra en la construcción de una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong>Ciudades con velocidad y movilidad múltiples:<br />
un desafío para los arquitectos, urbanistas y políticos (1)</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>François    Ascher</strong></p>
<p> Profesor Institut Français d&#8217;Urbanisme,    Université Paris 8, París, Francia.</p>
<p>Presidente del Consejo científico y de orientación del l&#8217;Institut    pour la Ville en Mouvement, París, Francia.</p>
<hr noshade="noshade" size="1" />
<strong>Resumen. </strong>La  opinión pública usualmente se involucra en la construcción de una nueva  carretera, un túnel, otro acceso a la ciudad o un aeropuerto más  grande. La infraestructura, apuntalada desde la ingeniería por estudios  precisos, cifras y gráficos, es un tema de interés para los ciudadanos  y los medios, que no ponen en duda la relación (no siempre bien  calibrada) entre infraestructura y calidad de vida. En el contexto de un campo de trabajo multidisciplinario cada vez más  ineludible, el aporte de los arquitectos al problema de la  infraestructura aparece aún como figura difusa. Sólo la pertinencia de  intervenciones elocuentes puede despejar el valor que la arquitectura  agrega a estas construcciones, originadas como respuestas exactas a  problemas concretos. <strong>Palabras clave:</strong> Infraestructura    urbana, movilidad, transporte urbano, autopistas, metropolización, hiperlugar.<br />
<span id="more-122"></span><br />
<hr noshade="noshade" size="1" /><strong>I.  La historia de las ciudades está estrechamente vinculada a las técnicas  de transporte y almacenaje de bienes, personas e información</strong></p>
<p>Por esto las primeras ciudades ya necesitaron hábitats densos, sistemas  de dinero y contabilidad, escritura, técnicas de preservación de  alimentos y otros.</p>
<p><strong>II. El    sistema de movilidad PIB (Personas, Información, Bienes)</strong></p>
<p>Estas diferentes técnicas constituyen un sistema que hoy es  completamente interdependiente: muy pocos movimientos no involucran  simultáneamente recursos de estos tres campos.</p>
<p><strong>III. La forma de la ciudad y la organización de los espacios urbanos interactúan con las técnicas de transporte y almacenaje </strong></p>
<p>El sistema PIB tiene un profundo impacto en la forma de la ciudad, en el espacio urbano y en la organización de la sociedad.</p>
<p>Tanto los fenómenos de zonificación, densidad, centralidad, axialidad,  polarización y segregación social dependen de estas técnicas y al mismo  tiempo generan y orientan su desarrollo.</p>
<p><strong>IV. Las    dinámicas del sistema PIB aceleran la <em>metropolización</em></strong></p>
<p>Contra los pronósticos de los observadores de fines del siglo XIX  tardío –como Paul Virilio, o arquitectos y urbanistas como Frank Loyd  Wright–, el desarrollo del transporte privado y las telecomunicaciones  no ha llevado a la desaparición de las ciudades y a la dispersión. Todo  lo contrario. Según economistas como Paul Krugmann, el proceso a través  del cual el crecimiento de las ciudades y la concentración de ciertas  actividades promueven el desarrollo del transporte y las  telecomunicaciones, genera en realidad un fortalecimiento mutuo. De  hecho, es difícil ver por qué estos desarrollos habrían de ir en  dirección contraria a las condiciones de su creación, siendo que las  tecnologías que son <em>objetos    sociales</em> no son independientes de la sociedad, sino que están enraizadas en la  lógica de la sociedad y sirven a los agentes que la dominan.</p>
<p>Las NTIC (Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación) y las  tecnologías de transporte privado han fomentado, por lo tanto, la  concentración urbana y han impulsado la <em>metropolización</em>.  Ella puede definirse como la concentración de riqueza humana y material  en las ciudades más grandes. Este proceso está ocurriendo en todos los  países ya industrializados y urbanizados. Es, en un sentido, la etapa  siguiente a la urbanización en países que ya están casi completamente  urbanizados, principalmente en Europa occidental y Europa del Norte.</p>
<p><strong>V. Las    tecnologías de información no inhiben el desarrollo de la movilización    física; fomentan movimientos <em>reales</em> de todo tipo</strong></p>
<p>Incluso a inicios del siglo XX, los comentaristas del desarrollo  tecnológico creían que el teléfono iba a reemplazar una cantidad  significativa de contactos personales directos, y por tanto generaría  un distanciamiento de los centros de actividades. Contrariamente, el  teléfono hizo posibles más encuentros cara a cara que los que  reemplazó. Permitió mantener relaciones a distancia, y facilitó la  organización de reuniones creando una nueva escala de organización  urbana. Lo mismo es válido para las tecnologías de información y  comunicación (TIC) actuales. Generan más posibilidades de movilidad que  las que reemplazan. Se trata, sin embargo, de otro tipo de movilidad:  hoy en día, la comunidad financiera y la comunidad científica operan a  una escala crecientemente global, y gran parte de la movilidad de  distancia media ha sido reemplazada por movimientos de larga distancia.  Las escalas espaciales de la vida económica y social se están  expandiendo con el aumento de la velocidad de los viajes.</p>
<p><strong>VI. El modelo de centro y rayos en la organización del transporte rápido se extiende a múltiples escalas; los automovilistas se <em>infiltran</em> por las zonas periurbanas</strong></p>
<p>El sistema de <em>centro y rayos –hubs and spokes–</em> es un tipo de red asociado con el desarrollo de sistemas de transporte  rápido. Su velocidad implica la minimización de las paradas, lo que  produce el efecto túnel y permite una dispersión eficiente del flujo  hacia fuera, partiendo de plataformas locales llamadas <em>centros de la rueda</em>.</p>
<p>Este tipo de organización reticular obviamente se aplica al transporte  aéreo, con sus plataformas de aeropuerto. También se extiende, sin  embargo, al transporte de carga por caminos o rieles, con plataformas  logísticas multimodales situadas cerca de nodos de comunicación, así  como al transporte urbano e interurbano de personas, con la  polarización de actividades alrededor de estaciones multimodales y  cruces de caminos en los suburbios.</p>
<p>La consecuencia de esto es una transformación de las jerarquías    y redes urbanas.</p>
<p>Sin embargo, este modelo existe junto a una nueva forma de viajar, que podríamos    describir metafóricamente como <em>infiltración</em>. Tal como Z</p>
<p>ygmunt  Bauman podría haber escrito sobre la liquefacción de la modernidad, el  modo en que los automovilistas se cuelan a través de áreas interurbanas  heterogéneas podría ser asociado a una forma de filtración, una  capacidad de circular por ambientes laberínticos sin un hilo que pueda  dirigir los flujos.</p>
<p><strong>VII.  El desarrollo de las TIC genera también una paradoja: mientras se  convierten en lugares comunes, las tecnologías audiovisuales  incrementan el valor de todo lo que no puede ser experimentado  electrónica o digitalmente</strong></p>
<p>El cara a cara, la capacidad de tocar, saborear, sentir, se hacen cada  vez más preciados. El acelerado aumento del valor de las propiedades en  áreas físicamente más accesibles entrega pruebas de este cambio y del  valor relativamente creciente de la accesibilidad física real (en  contraposición a la virtual). Una consecuencia no menor es que el  atractivo de un espacio urbano pasa a radicar en la riqueza de las  experiencias multisensoriales que ofrece. Así, las tiendas que compiten  con el comercio electrónico deben ofrecer la posibilidad de que sus  productos se puedan tocar y probar. El diseño acústico y olfatorio de  los espacios se está volviendo crecientemente relevante.</p>
<p>Paralelamente, los individuos se sienten cada vez mas atraídos por los  eventos que les dan la posibilidad de reunirse con otras personas en  comunidad. Las fiestas de todo tipo, festivales, grandes eventos  deportivos, rituales comunitarios (desfiles, carnavales, <em>Halloween</em>)  se multiplican. Estos eventos definen la vida urbana tanto espacial  como temporalmente, y juegan un rol creciente en el diseño y la  administración del espacio.</p>
<p><strong>VIII. Los    individuos también utilizan las TIC para controlar su propio espacio-tiempo</strong></p>
<p>No hay nada nuevo en el fenómeno de la individualización, de la  creciente autonomía personal; la invención renacentista de la  perspectiva –el cambio de una representación plana del mundo a una  basada en el punto de vista del individuo– es un ejemplo espectacular  de esta evolución a través de varios siglos. Los individuos aspiran a  una mayor intimidad, privacidad y capacidad de controlar su entorno:  decidir qué hacer, cuándo hacerlo, con quién y dónde. Y para esto  necesitan ser capaces de trasladarse en el tiempo y el espacio.</p>
<p>Para trasladarse en el espacio, utilizan todos los medios de  transporte, generalmente combinados para lograr sus necesidades  específicas: desde aviones a carros de compras, maletas con ruedas,  trenes, tranvías, buses, automóviles, motocicletas, bicicletas, skates  o patines. Para moverse en el tiempo utilizan técnicas que les permiten  desincronizarse y resincronizarse, almacenar y disponer de información  y objetos de forma fácil y rápida: desde videos a correos electrónicos,  teléfonos celulares, correos de voz y mensajes de texto; pero también  alimentos congelados y microondas que hacen más fácil comer solos o en  compañía en cualquier momento.</p>
<p><strong>IX. Con la creciente autonomía, los individuos se ven enfrentados a la necesidad de decidir, y la cantidad de opciones aumenta</strong></p>
<p>Es verdad que las desigualdades culturales y económicas restringen las  posibilidades de ciertos sectores de la población. Sin embargo, incluso  individuos de grupos socialmente desaventajados se enfrentan  constantemente a la toma de decisiones: qué comer, con quién reunirse y  qué hacer. En <em>La sociedad de consumo</em>, Jean Baudrillard enuncia que esta <em>hiper-opción</em> es en gran medida artificial, ya que la diferencia entre dos  detergentes sería puramente simbólica. No obstante, las opciones son  una compulsión diaria característica de la sociedad moderna; lo que  hacemos es cada vez menos una rutina o un dictado de las tradiciones.  Estamos forzados a tomar decisiones, tanto en relación a cosas  triviales como en asuntos más importantes: elegir un marido o una  mujer, un televisor, una película, una comida e incluso una religión,  puesto que la religión y las tradiciones ahora también son modernas, en  la medida en la que se han vuelto un asunto de elección personal.</p>
<p>De esta forma, la variedad de alternativas disponibles se está haciendo  socialmente más relevante. Y la movilidad se ha convertido en una  aspecto clave de esta variedad de alternativas: mientras más móviles  somos más posibilidades tenemos; el otro lado de la moneda, sin  embargo, es que estamos obligados a movernos para poder estar en  condiciones de decidir.</p>
<p><strong>X. En una sociedad diversificada, la búsqueda de autonomía personal y la variedad de opciones generan una complejidad enorme</strong></p>
<p>La sociedad moderna se diversifica crecientemente. Está compuesta por  sujetos plurales, con variados niveles de compromiso con grupos e  intereses diversos. En el pasado, la gente que pertenecía a la misma  clase social o que vivía en el mismo lugar, tenía prácticamente la  misma vida. Hoy en día, la vida de las personas refleja su pertenencia  a una serie de entornos distintos, entre los cuales se desplazan según  el ritmo de sus diversas historias individuales y colectivas. El  comportamiento individual todavía está determinado socialmente, pero es  más diverso, con la posibilidad cada vez mayor de combinaciones  personales. La movilidad es tanto una consecuencia como un instrumento  de diversificación social. También es un elemento que ha cobrado  importancia en la construcción y expresión de la personalidad de cada  individuo.</p>
<p><strong>XI. Una    estructura social en red: sociedad con estructuras móviles</strong></p>
<p>La posibilidad de los individuos de elegir –mucho más que en el pasado–  quiénes son y qué hacen, en una sociedad cada vez más diversa, a pesar  de que determinantes sociales sigan operando, está transformando  gradualmente los lazos sociales. Éstos solían ser muy fuertes y  duraderos: un vecino era frecuentemente un compañero de trabajo, un  pariente y un amigo, pero en la sociedad crecientemente variada de la  que somos parte –en donde los individuos escogen qué hacer y con quién,  y por lo mismo cambian de trabajo frecuentemente– los lazos sociales  también son más débiles, pero están incorporados a redes cada vez más  complejas.</p>
<p>Vemos con menor frecuencia a personas específicas, pero conocemos a más  y más gente. La sociedad está estructurada así y funciona más como una  red, o como una red de redes que incrementa las posibilidades de  movilidad para la gente, los bienes y la información.</p>
<p><strong>XII. Una    sociedad <em>hipertextual</em></strong></p>
<p>En esta sociedad, la gente cada vez más cambia de universo social,  empleando una combinación de métodos de comunicación reales y virtuales.</p>
<p>Con el automóvil o el tranvía, nos podemos trasladar entre distritos  para trabajar o para actividades recreativas. Del mismo modo, una  pantalla de computador nos conduce en un par de segundos del mundo del  trabajo al mundo familiar. Con el teléfono celular, podemos cambiar  instantáneamente de una charla cara a cara con amigos a una  conversación remota. Los métodos modernos de transporte y comunicación  nos permiten transferirnos de un contexto social a otro, del ambiente  de trabajo a un club deportivo, de una relación local con los vecinos a  un enlace emocional con gente que vive en otro lugar pero que comparte  los mismos intereses.</p>
<p>De este modo, los individuos se mueven física y virtualmente en  universos sociales distintos, los que se configuran de manera diferente  para cada persona. Metafóricamente los podríamos asociar a una especie  de <em>hipertexto</em>,    como las palabras que vinculan un grupo de textos computacionales. <em>Hipertexto</em> es el proceso a través del cual podemos –en un computador– pinchar una  palabra en un texto para acceder a la misma palabra en otros textos. En  un <em>hipertexto</em>, la palabra pertenece simultáneamente a diversos  textos; en cada uno, contribuye a la creación de diferentes  significados dada la interacción con otras palabras, pero con una  sintaxis que puede variar. La digitalización de imágenes ha creado  además la posibilidad de construir <em>hipermedios</em>, enlazando textos, documentos    sonoros e imágenes (el prefijo <em>hiper</em> está utilizado aquí    en el sentido matemático de <em>hiperespacio</em>, como un espacio de <em>n</em> dimensiones).</p>
<p>Del mismo modo, los individuos existen en distintos campos sociales, tal como las palabras en los diversos documentos de un <em>hipertexto</em>.  En un campo interactúan con sus colegas de acuerdo a las reglas de una  sintaxis profesional; en otro campo, con los parientes según la  sintaxis familiar; en un tercer campo interactúan con los amigos según  una sintaxis deportiva. Son palabras-individuos que constituyen los  enlaces más importantes entre estos <em>campos texto-sociales</em>. Se  mueven de un campo a otro, físicamente o a través de las  telecomunicaciones. Cuando un empleado llama a su casa desde su lugar  de trabajo, se trata en cierto modo de un cambio de <em>texto</em>.</p>
<p>Los diversos campos sociales tienen naturalezas diversas. La  participación de un individuo en cada uno de ellos variará en duración  y motivación. Las interacciones pueden ser económicas, culturales,  emocionales, recíprocas, jerárquicas, convencionales, cara a cara,  escritas, habladas, telecomunicacionales, etc. Los campos también  varían en escala (de lo local a lo global) y en su grado de apertura.  Las redes que estructuran estos campos pueden tomar la forma de  estrellas, tejidos y jerarquías. Los individuos practican el <em>cambio de códigos</em>; en otras palabras, juegan con diferentes    códigos sociales y culturales para moverse de un campo a otro.</p>
<p><strong>XII bis.    Acceso desigual al <em>hipertexto</em></strong></p>
<p>Esta metáfora del <em>hipertexto</em> puede también utilizarse como una nueva forma de identificar y analizar  desigualdades sociales. El hecho es que no todos tienen la misma  posibilidad de construir espacios sociales en <em>n</em> dimensiones, o  moverse fácilmente de un campo social a otro. Para algunos los estratos  de las redes están absolutamente fusionados: sus campos económico,  familiar, local, religioso están mayoritariamente traslapados. Así, por  ejemplo, quienes están excluidos del mercado laboral generalmente no  pertenecen a múltiples campos: suelen vivir en grandes conjuntos de  viviendas, dependen de una economía local informal e interactúan  principalmente sólo con miembros de su propia comunidad.</p>
<p>La capacidad de moverse a través de una serie de campos abre  potencialidades que no son igualmente accesibles para todos. Como  resultado de esto, la movilidad física y virtual se está convirtiendo  en un elemento de importancia creciente en la generación de  desigualdades individuales y sociales.</p>
<p><strong>XIII. Las    ciudades y el uso del transporte y las TCI: polarización y dispersión</strong></p>
<p>Los métodos rápidos de transporte llevan a que las ciudades evolucionen  en dos direcciones: por un lado, un número de funciones puede  concentrarse en un número restringido de puntos, incrementando así los  efectos de escala y densidad y maximizando ciertas interacciones; por  otro lado, algunas otras funciones, que no requieren densidad o que de  hecho operan mejor sin ella, pueden distanciarse cada vez más de los  puntos de polarización.</p>
<p>Este proceso bilateral no es nuevo y ha estado ocurriendo en ciudades  norteamericanas desde fines del siglo XIX. Sin embargo, con los avances  en el transporte y las telecomunicaciones, su escala e intensidad han  aumentado.</p>
<p>Las tecnologías para el transporte y almacenamiento de personas y  energía permiten concentraciones cada vez más grandes: por ejemplo, con  complejas combinaciones de ascensores y escaleras, nuevas técnicas de  construcción, nuevos sistemas de aire acondicionado, es posible  construir centros comerciales de varios miles de metros cuadrados bajo  un mismo techo.</p>
<p>Además de lo anterior, el transporte privado y el uso de las  comunicaciones inalámbricas, incluso para internet, están incrementando  la dispersión urbana al causar que los habitantes de la ciudad busquen  más lejos aún espacios más amplios y más bajos precios.</p>
<p><strong>XIV. Metropolización    y metapolización </strong></p>
<p>Este proceso bilateral de polarización y dispersión afecta los espacios  urbanos en diversos niveles. Por una parte, genera concentración de  riqueza material y humana en y alrededor de ciudades cada vez más  grandes: o sea, lo que llamamos <em>metropolización</em>.</p>
<p>Por otra parte, genera nuevas formas de crecimiento urbano, lo que  podríamos llamar crecimiento externo: las ciudades más grandes absorben  pueblos y ciudades de menor tamaño cada vez más lejanos en su perímetro  de funcionamiento diario, constituyendo de esta manera territorios  urbanos extendidos y discontinuos, que incluyen a la ciudad y el campo,  el pueblo y la metrópolis. La unidad de estos nuevos territorios  depende del transporte y las telecomunicaciones.</p>
<p>Hemos utilizado e término <em>metápolis</em> para describir estas    nuevas entidades urbanas, estas ciudades extendidas, heterogéneas, discontinuas    y policéntricas.</p>
<p><strong>XV. Nuevos    centros urbanos</strong></p>
<p>Ciertos autores han adoptado la noción de <em>no-lugares</em>,  una palabra que el antropólogo Marc Augé tomó de Jacques Duvignaud,  Michael de Certeau y, en cierto modo, de Melvin Webber. Para Marc Augé,  estamos experimentando una proliferación de no-lugares y una  desaparición de los lugares. Por <em>lugar</em> él entiende un espacio que es identitario,    relacional e histórico. Para él, nuestro mundo supermoderno está <em>“entregado a la individualidad solitaria, a lo transitorio, lo temporal    y efímero”</em>,  y los espacios creados con fines de transporte, comercio y ocio, son  precisamente las matrices espaciales en donde ha cesado la interacción  directa entre personas.</p>
<p>Hay por tanto un estrecho vínculo entre esta visión pesimista de la  supermodernidad con su noción de no-lugar, y el desarrollo del  transporte y las telecomunicaciones, con los espacios que generan y las  relaciones sociales que supuestamente destruyen. Estas teorías son  particularmente atractivas para quienes sienten nostalgia de ciertas  antiguas formas de urbanización, o para quienes promulgan una completa  mitología de la ciudad europea y sus formas de sociabilidad.</p>
<p>Al contrario de Marc Augé, nosotros consideramos que no existe tal  disolución de lugares en no-lugares, sino que la constitución de nuevos  lugares urbanos, y que, de hecho, los espacios de movilidad y de  tránsito, son particularmente propicios al surgimiento de estos nuevos  lugares. Para empezar, los aeropuertos, las áreas de servicio de las  autopistas, las estaciones, los centros comerciales, los parques de  entretención, son, en la definición de Marc Augé, espacios  identitarios, relacionales e históricos. En segundo lugar, muchos tipos  de lugares urbanos están surgiendo o resurgiendo en la actualidad:  plazas y paseos al interior de espacios privados, como lo evidencian  los recientes desarrollos de <em>malls</em> con cafés y espectáculos; o en nuevos espacios efímeros, especialmente  las rave y los festivales, que utilizan temporalmente todo tipo de  lugares. Pareciera, por tanto, que la movilidad real y virtual no está  causando la extinción de la ciudad o de los lugares, sino que está  generando nuevas formas de ciudad y de lugar.</p>
<p><strong>XV bis.    Del lugar al <em>hiperlugar</em></strong></p>
<p>La sociedad hipermoderna y su estructura de hipertexto generan <em>hiperlugares</em>.    Estos <em>hiperlugares</em> son ante todo espacios de<em> n</em> dimensiones; lugares donde, si las personas quieren, pueden casi  simultáneamente llevar a cabo actividades diferentes en múltiples  campos sociales, con las personas con las que ellos han elegido estar,  física o virtualmente presentes. El <em>hiperlugar</em> es un espacio  potencial, con múltiples dimensiones físicas y sociales, que ofrece a  los individuos opciones prácticas y relacionales.</p>
<p>Yo diría que el espacio en el que nos encontramos ahora no es realmente    un <em>hiperlugar</em>:  ustedes están prácticamente obligados a escucharme. Dormir aquí  mientras yo hablo es socialmente complicado, porque generaría  reprobación; pararse para ir a otro lugar es imposible para la mayoría  de ustedes, ya que están atrapados en sus asientos; el uso de sus  teléfonos celulares sería inapropiado, e incluso conversar despacio con  su vecino de asiento permitiría una comunicación muy limitada.</p>
<p>En cambio, la terraza del café de afuera tiene todas las características    de un <em>hiperlugar</em>:  es un espacio que permite todo tipo de movilidad, discusiones y  relaciones sociales. De hecho, recurriendo a algunos de los conceptos  de William Mitchell, se podrían agregar unas cuantas pantallas planas  gigantes y un poco de realidad enriquecida virtualmente.</p>
<p>Quizá ustedes dirían que no es exactamente un lugar nuevo: de acuerdo,  pero es un lugar muy urbano; en cierto modo es una forma moderna del <em>ágora</em>,  enriquecida por el paso del tiempo por nuevos elementos que permiten  prácticas nuevas. Ahora sólo necesitamos incorporar los nuevos métodos  de transporte, comunicación e intercambio; ajustarnos a los nuevos  ritmos de vida; hacer posible el traslape de actividades, el cruce  entre lo público y lo privado, la hibridización de lo interior y lo  exterior&#8230;</p>
<p><strong>XVI. La    ciudad <em>à la carte</em> 24 horas al día, 7 días a la    semana, a pie, a caballo y en auto: el desafío de la multimodalidad e    intermodalidad</strong></p>
<p>Los ciudadanos de la sociedad <em>hipertextual</em> viven vidas con movimientos    constantes y multidireccionales. Día y noche viajan alrededor de esta <em>metápolis</em> distendida y multipolar, utilizando diversos medios de transporte, ya  sea en un solo desplazamiento o bien alternativamente, dependiendo de  su destino, la hora, el clima, y de por quién estén acompañados&#8230; En  una ciudad heterogénea los transportes públicos y privados tienen  distintas ventajas y desventajas dependiendo del lugar y las  circunstancias.</p>
<p>La calidad y eficiencia de una ciudad, por tanto, depende de su  capacidad de ofrecer múltiples soluciones, ofrecer la más extensa gama  de opciones posible para decidir a dónde ir y cómo llegar allí. En este  contexto, la intermodalidad y la multimodalidad son las condiciones  clave para la eficiencia de cada tipo de transporte. Los  estacionamientos de automóviles, vistos como el foco de un importante  cambio modal, se están volviendo cada vez más importantes, sin embargo  frecuentemente se les trata menos como un lugar que como un mero  espacio para almacenar automóviles. Del mismo modo, muchos lugares de  transporte continúan siendo percibidos en términos técnicos estrechos,  con un valor urbano mínimo. Parte del potencial de estos espacios queda  demostrado en <em>Architecture on    the Move</em>, la exposición presentada por el Instituto City on the    Move en el pabellón francés de esta Bienal (2).</p>
<p><strong>XVII. Aprendiendo    a hacer la ciudad veloz y de baja densidad</strong></p>
<p>Para las autoridades de la ciudad, los urbanistas y los arquitectos, el  objetivo es producir nuevos tipos de lugares y crear una nueva  urbanidad: generar espacios adecuados a los ambientes, prácticas y  relaciones sociales que se dan en ellos.</p>
<p>Esto no es tan difícil en una ciudad ya existente, con altas densidades  y donde las identidades pueden construirse en base a nuevos elementos  contextuales. En general, yo diría que esto sabemos cómo hacerlo. Ello  no significa que siempre lo hagamos bien, pero no nos faltan ejemplos  que puedan servir de inspiración para el diseño urbano en estas  circunstancias. En cambio, sabemos mucho menos cómo hacer la ciudad en  zonas de baja densidad, en espacios fragmentados, por donde la gente se  mueva rápida e individualmente.</p>
<p>Muchos arquitectos y urbanistas responden a estos problemas proponiendo  la eliminación de las zonas discontinuas y de baja densidad en las  ciudades europeas. En este punto, tienen un vasto espectro de apoyo:  gente nostálgica de las ciudades del pasado y en busca de un paraíso  urbano perdido; los encargados del transporte público que no saben como  dar servicio a estas áreas suburbanas y que quisieran que la población  viviera en grupos fácilmente transportables; los ecologistas  preocupados del consumo de energía debido al desparramo urbano; los  alcaldes que de hecho financian la mayoría de las entretenciones  utilizadas por la población de las comunidades externas.</p>
<p>La mayoría de estas preocupaciones merecen ser tomadas en serio. Es  verdad que deberíamos tratar de preservar, o más bien desarrollar, las  cualidades específicas de las ciudades antiguas que encontramos  principalmente en Europa.</p>
<p>Es verdad que necesitamos encontrar soluciones innovadoras para  proporcionar transporte a los numerosos habitantes de las áreas  periféricas de baja densidad que no tienen vehículos propios (niños,  personas discapacitadas o de escasos recursos) o que no tienen acceso  al transporte público.</p>
<p>Es verdad que necesitamos proteger los recursos naturales no  renovables, restringir las emisiones de dióxido de carbono, y que la  expansión urbana espontánea constituye una amenaza en este sentido.  Finalmente, es verdad que en la mayoría de los países democráticos las  instituciones políticas locales se adaptan mal a la nueva escala  metropolitana. No obstante, una vuelta al pasado refleja un principio  reaccionario que es indeseable en sí mismo, y es irreal en términos de  las políticas que podría implicar.</p>
<p><em>Es  una ilusión creer que podríamos retornar a un estilo de vida de un  pueblo o de una vida centrada regionalmente, en donde todo lo que  hacemos sucede localmente. Indudablemente, deberíamos tratar de  reintroducir algún comercio local, pero a juzgar por las numerosas  encuestas, es seguro que esto haría aumentar la cantidad de viajes  necesarios. La división del trabajo no se revertirá y el empleo  utilizará espacios urbanos cada vez más extensos. No hay vuelta atrás  en la demanda por una mayor diversidad cultural, y la cultura y el ocio  seguirán generando un desarrollo urbano a gran escala. </em></p>
<p>Por  tanto, necesitamos crear modelos urbanos nuevos, que combinen altas  densidades de población y una mayor polarización para ciertas  actividades y grupos sociales, con niveles de dispersión crecientes.  Necesitamos hacer las ciudades no sólo con lugares colectivos de  vivienda y casas urbanas, sino que también con espacios discontinuos,  casas individuales con grandes jardines privados, parques temáticos,  aeropuertos, estacionamientos, etc. Necesitamos hacer la ciudad para  ciudadanos que algunas veces se trasladan a pie, pero también se mueven  a 50 km/h; para ciudadanos que comen en cadenas de comida rápida, que  comen y beben mientras se transportan (caminando, en auto, en trenes,  etc.), pero que también se sienten atraídos por la comidas de calidad y  están dispuestos a viajar y gastar dinero por una buena comida con  amigos, en casa o en un restaurante.</p>
<p>Todo esto es un gran desafío para los urbanistas actuales: necesitan  ser capaces de planificar la urbanización de ciudades discontinuas, de  espacios urbanos de baja densidad, de ciudadanos veloces, y a la vez  mantener los valores de la ciudad existente, continua, peatonal.</p>
<p><strong>XVIII.  La movilidad, sin embargo, no es sólo un desafío para arquitectos y  urbanistas&#8230;está tan profundamente enraizada en nuestras sociedades  urbanas que es también un importante tema social y político</strong></p>
<p>Primero, la movilidad es indispensable desde un punto de vista  económico y social. Hoy en día, la movilidad es una condición clave de  acceso al mercado laboral, a una vivienda, a la educación, a la cultura  y el ocio, a la familia&#8230;El derecho a trabajar, a tener una vivienda,  a recibir capacitación, ahora implican el derecho a la movilidad.</p>
<p>En cierto sentido, este derecho a la movilidad es una precondición de los otros derechos; se ha convertido en una especie de <em>derecho genérico</em>,    con una importancia social creciente.</p>
<p>Segundo, a medida que la movilidad se transforma crecientemente en un  factor en la vida cotidiana de las personas, los tiempos y lugares de  la movilidad cobran mayor importancia: el transporte requiere ser más  conveniente, más económico y más agradable. Más aún, el transporte ya  no es simplemente un medio para llegar de A a B: es una parte de la  vida por derecho propio, y merece ser valorado como tal. El movimiento  debería ser también un gusto.</p>
<p>Finalmente, también debería recalcarse que la movilidad tiene un costo  económico, social y medioambiental. La generalización del movimiento  que estamos experimentando implica que individuos y grupos de personas  deberían ser capaces de controlar su movilidad, que esta movilidad  debería contribuir al establecimiento de identidades sociales, que los  movimientos de algunos no deberían afectar desfavorablemente la vida de  otros, que el transporte de bienes y personas no debería dañar la  herencia natural y cultural, y que la energía que se utiliza no debería  comprometer el futuro de nuestro planeta.</p>
<p>Estos son los desafíos de la movilidad sustentable.</p>
<p>Ciertamente, no es fácil encontrar soluciones para este sistema de  ecuaciones económicas, sociales, y medioambientales. Sin embargo, es  por esta razón que la movilidad se ha convertido en un tema fundamental  para las democracias actuales.</p>
<p><strong>Notas</strong></p>
<p>1. Este artículo  corresponde a la exposición del Sr. Ascher durante la I Bienal  Internacional de Arquitectura de Rotterdam el año 2003, cuyo tema fue  la <em>movilidad</em>. Traducción al    castellano de Monika Dockendorff y Fernando Pérez Villalón.</p>
<p>2. I Bienal Internacional de Arquitectura de Rotterdam, mayo    de 2003.</p>
<p>[obtenido en <a href="http://www.scielo.cl" target="_blank">scielo.cl</a>]</p>
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		<title>Paul Virilio: Inercia polar</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Oct 2006 21:46:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aling</dc:creator>
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		<description><![CDATA[[...] S. L.: Hoy en día ser sedentario, en suma, es ser un propie­tario en movimiento. P. V.: Sí, pero en realidad se trata de la inercia polar. Es­ta gente no se mueve, ni cuando viajan en el tren rápido. No se mueven cuando vuelan en avión. Son sedentarios en un movimiento absoluto: la velocidad, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>[...]</p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: Hoy en día ser sedentario, en suma, es ser un propie­tario en movimiento.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>Sí, pero en realidad se trata de la inercia polar. Es­ta gente no se mueve, ni cuando viajan en el tren rápido. No se mueven cuando vuelan en avión. Son sedentarios en un movimiento absoluto: la velocidad, la híper velo­cidad del tren o del avión o el barco de alta velocidad, y la híper velocidad de la telecomunicación instantánea, que les permite operar en bolsa instantáneamente, en Wall Street o en Hong Kong.</span></p>
<p><span id="more-109"></span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: Y entonces, los nómades son los desposeídos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>Los nómades son los pobres. Vamos hacia una ca­tegoría de gente que no está en su casa en ningún lado.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: Es lo que describías en Chambres précaires [Habita­<span style="letter-spacing:-0.05pt;">ciones precarias], ese libro conmovedor de la fotógrafa Jac-</span>queline Salmón,&#8221;&#8216; que documenta las marcas de estos des­plazamientos, las huellas de una circulación inhabitable, las &#8220;salas de espera sin plataformas&#8221;.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>La famosa desregulación del transporte internacio­nal no es solamente pasajes baratos para que el turismo masivo se vaya de vacaciones a un crucero de placer; también son los pasajeros clandestinos, los chicos que se escapan de sus casas, la boat people, los inmigrantes ilega­les que vienen de todas partes. Y yo estoy con ellos. Trabajo con el padre Giros. Tenemos una asociación dedica­da a ese fin, acabamos de abrir un refugio cerca de la Ga-re du Nord.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: <em>Volvemos a la teoría de Marx sobre la pauperización absoluta, aunque con esta diferencia de que ya no se trata de la clase obrera, sino de gente sin clase y sin lugar&#8230; Po­dríamos decir que ahora los obreros son los propietarios.</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>El fin del hombre como fuerza de trabajo, en pro­vecho de la máquina. En lo que Marx no reparó fue en que, cuando ya no se necesita más del hombre, el hombre ya no es patrón, no es nada. El fin del hombre como pro­ductor, el fin del hombre como progenitor, vamos hacia el <em>engineering, </em>los bebés de probeta, el tráfico de esperma. El fin del hombre como destructor: ya no se necesitan soldados; tenemos los robots, los misiles crucero. Pode­mos enviarlos a la guerra como perros. Es el fin del hom­bre. El fin de la humanidad. Estamos ante una época apo­calíptica. Eso explica los clones, la idea de una eugenesia para crear hombres y mujeres de mayor rendimiento.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: <em>Ya no van a ser propietarios, van a ser apropiados.</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>Y entonces, los superhombres, en el sentido de Nietzsche, son como plantas transgénicas. Van a ser resis­tentes a todo. Van a estar los genéticamente correctos y los genéticamente incorrectos. Nosotros dos, que somos úteros, nacimos de la suciedad del semen y de la secre­ción vaginal. ¡Qué horror! Somos sucios.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: <em>Es el retorno del fascismo.</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>Mientras que ellos&#8230;</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: <em>&#8230;son puros.</em></span></p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>Sí, ellos son clean<em>. </em>Ahí está. Ésa es la nueva eugene­sia. Así que, ya ves, nada está dicho. Podría pasar cual­quier cosa. Y al mismo tiempo, es todo muy apasionante.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="letter-spacing:-0.05pt;">    S. L.: <em>¿Cómo plantear, entonces, el problema de la arquitec­</em></span><em><span>tura, y en particular el de la arquitectura urbana, en la época de la globalización?</span></em></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>Hay una arquitectura de la globalización como hu­bo una arquitectura internacional, una arquitectura ins­pirada, en lo esencial, en Mies van der Rohe y los puris­tas que venían de la Bauhaus, después de haber abandonado Alemania por razones obvias. El polo prin­cipal para la arquitectura de la globalización es la <em>com­presión temporal. </em>A diferencia de los años cincuenta y se­senta, cuando se hablaba esencialmente del espacio, ahora estamos obligados a hablar del tiempo. La compre­sión temporal es un término técnico que ilustra el hecho de que de ahora en adelante el tiempo real es un ele­mento determinante del poder. La compresión temporal es lo que también llamo &#8220;presión dromosférica&#8221;, con res­pecto a la presión atmosférica.</span></p>
<p class="MsoNormal">[...]</p>
<p class="MsoNormal">    Extraido de: Amanacer crepuscular || Paul Virilio en diálogo con Sylvère Lotringer || Publicado por Fondo de cultura económica</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
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		<title>Paul Virilio: El espacio crítico</title>
		<link>http://hipercroquis.net/2006/10/27/el-espacio-critico/</link>
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		<pubDate>Fri, 27 Oct 2006 21:38:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aling</dc:creator>
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		<description><![CDATA[[...] S. L.: El término &#8220;critico&#8221; debe entenderse en el sentido de &#8220;crisis&#8221;. P. V.: Sí, en el sentido de una puesta en crisis del espacio. Un tiempo crítico sabemos que es un tiempo que va a acabar. La persona que va a morir en cinco segundos está en una temporalidad crítica, está llegando a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"> [...]</p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: El término &#8220;critico&#8221; debe entenderse en el sentido de &#8220;crisis&#8221;.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>Sí, en el sentido de una puesta en crisis del espacio. Un tiempo crítico sabemos que es un tiempo que va a acabar. La persona que va a morir en cinco segundos está en una temporalidad crítica, está llegando a su fin. Pero en este caso, es el espacio real del planeta -no el espacio en el sentido espacial, en el sentido cósmico-, lo que es critico. Como escribí en L&#8217;Espace critique, ya no es sola­mente el tiempo lo que es crítico, el momento crítico; la novedad fue que el espacio mismo entró en una dimen­sión crítica con la relatividad y, al mismo tiempo, con los fractales. Por un lado, está la relatividad, el espacio-tiem­po, la filosofía: Bergson, Einstein. Por el otro, resulta que las dimensiones son puestas en cuestión, un aconteci­miento importante al que no le prestamos atención. Hi­cimos implotar las dimensiones. La historia se vino desa­rrollando a partir de las dimensiones enteras: la dimensión cero, el punto, la línea y la superficie; ahí tene­mos a Kandinsky, el volumen más el tiempo. Una dimen­sión, dos dimensiones, tres dimensiones. Es fundamental en Occidente: la historia de la relación en el espacio con Grecia, con los perspectivistas, etc. Y entonces, las hici</span>mos explotar. Así que quisiera decir que el gran aconteci­miento fue el espacio crítico. El espacio crítico estaba en la intersección de la relatividad, de los fractales y, cierta­mente, de la noción del accidente, ya que el Big Bang es el origen de la historia y lo que nos da las dimensiones. Pero ahora las hacemos explotar. Las dimensiones enteras son simulacros. Por consiguiente, tenemos cierta preocu­pación fundamental ligada a la noción de espacio. No po­demos separar la noción de espacio de la noción de di­mensión. En Oriente, es bien sabido que la noción de dimensión no existe. Se la reemplaza por el Ma, el inter­valo. Es el equivalente del intervalo en la música. Todo es­to es verdaderamente importante. En Oriente, el interva­lo musical en el tempo tiene una relación con el intervalo en el espacio. Las dimensiones no existen si no pasan por el intervalo. Con esto te vuelvo a remitir al &#8220;Troisiéme in-tervalle&#8221; ["Tercer intervalo"], uno de los capítulos de Vi-tesse et politique.</p>
<p><span id="more-108"></span><br />
<span></span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: Si se trata de la crisis del espacio, ese arte del espacio que es la arquitectura también está en crisis.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>El espacio crítico es la dimensión de la retención de las distancias: esta polución de las distancias temporales que ha producido ya, mediante la interactividad, efectos de claustrofobia y de encarcelamiento, que van a ser el gran problema del urbanismo y de la arquitectura del ma­ñana. Ante esta súbita forclusión del espacio real de la glo-balización, fruto de la compresión temporal de la interac­tividad, la exclusión se vuelve una necesidad con la global city, lo que implica una nueva relación con los cuerpos, con los cuerpos territoriales del habitat geográfico.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: ¿Exclusión con respecto a qué?</span></p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>Exclusión con respecto al espacio crítico. El cuer­po propio no está fuera de un mundo propio, de un mundo que fue apropiado. El mundo propio era el mun­do de la esfera terrestre. Toda la historia, toda la psicolo­gía, toda la filosofía se hicieron con una simbiosis entre estos dos elementos: mundo propio, cuerpo propio. La retención absoluta del mundo propio lleva al individuo a estar excluido de ese mundo. De ahí todas las investi­gaciones para dejar atrás el maldito planeta. Muchas de las prácticas tras la  Segunda Guerra Mundial, incluyen­do la conquista del espacio por los nazis, son ya fenóme­nos de investigación para la exclusión. Excluirse de un mundo demasiado chico.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: <em>En el caso de los nazis, se trata del </em>lebensraum <em>-el espacio vital- y el derecho de expansión territorial.</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>Exactamente, se trata de excluirse de un mundo carcelario. La exclusión se vuelve una necesidad psico­lógica que implica una nueva relación con el cuerpo, el cuerpo territorial del hábitat geográfico, pero también el cuerpo social de las sociedades geopolíticas, y en últi­mo término, cuerpo animal de un individuo atrapado en un verdadero individualismo masivo. En las sociedades de la antigüedad, se trataba del colectivismo masivo porque el propio mundo era muy vasto. Volvemos al efecto que ya mencioné. Tras la compresión del mundo propio, el in­dividualismo se hace dominante. Es el aspecto fractal del ser. El cuerpo se vuelve el todo. De ahí el egoísmo, el ego­tismo, el individualismo masivo, porque seguimos estando en una sociedad masiva, pero ¡atención!, <em>hecha de indivi­duos. </em>Así, tras siglos, tras milenios consagrados a la urba­nización del espacio real del mundo propio -es la histo­ria de las ciudades desde el amanecer de los tiempos-, comienza la urbanización del tiempo real del cuerpo pro­pio del hombre. Por eso la sincronización. La sincroniza­ción cibernética de la interactividad colectiva reemplaza a la antigua estandarización de la actividad -la estandari</span>zación de los comportamientos sociales y disciplinarios de la época del colectivismo masivo-.</p>
<p class="MsoNormal">[...]</p>
<p class="MsoNormal"> Extraido de: Amanacer crepuscular || Paul Virilio en diálogo con Sylvère Lotringer || Publicado por Fondo de cultura económica<br />
<span></span></p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p><span></span></p>
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		<title>Paul Virilio: La función oblicua</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Oct 2006 21:31:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aling</dc:creator>
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		<description><![CDATA[[...] S. L.: ¿Qué hiciste después de eso? P. V.: Después de eso, trabajé mucho sobre la topología y las formas orientadas. Pienso que la arquitectura se vino desarrollando siempre dentro de los límites de las formas regladas: la esfera, el cilindro, el cubo, etc. No obstante es­to, las formas y las superficies regladas son [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"><span>  [...]<img src="http://static.flickr.com/82/280854814_8b5baad6db_o.jpg" align="right" height="270" width="324" /></span></p>
<p class="MsoNormal"><span>  S. L.: ¿Qué hiciste después de eso?</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>Después de eso, trabajé mucho sobre la topología y las formas orientadas. Pienso que la arquitectura se vino desarrollando siempre dentro de los límites de las formas regladas: la esfera, el cilindro, el cubo, etc. No obstante es­to, las formas y las superficies regladas son una especie de academicismo de la geometría. La arquitectura fue atra­vesando diferentes épocas, pero el formalismo geométri­co se mantuvo. La mayoría de los arquitectos se limita a formas euclidianas, es decir, a la ortogonalidad. Pusieron agujas en las torres, y eso era el gótico; y así fue con todo lo demás. Pero lo que a mí me interesaba era meterme con la topología, es decir, con los espacios no euclidianos, usar formas difusas, incluso a nivel del suelo.</span></p>
<p><span id="more-107"></span></p>
<p class="Section1">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: Enfatizar el suelo fue un elemento totalmente nuevo. <strong>Era adoptar el punto de vista opuesto a la verticalidad</strong>, in­cluso a la verticalidad extrema, como Nueva York. En Ar-chitecture Principe, llamaste a Nueva York &#8220;la culmina­ción del segundo orden urbano&#8221;. Para ese entonces, ya entreveías la posibilidad de un tercer orden urbano, fluido y continuo, que combinara &#8220;la circulación mecánica con la pedestre, movilizando el hábitat mediante la apertura de es­pacios de transferencia&#8221;.</span></p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span><strong>De ahí la idea de vivir sobre planos inclinados, y de tener muebles que salieran del piso. Investigué acerca de eso con el &#8220;suelo de estar&#8221;</strong>, <em>le sol a vivre. </em>Uno puede tener una mesa, una cama, una silla que salen de un pla­no inclinado, y al terminar de usarlas, volver a guardar­las. También se las puede dejar puestas de manera per­manente, pero uno no está obligado a hacerlo. <strong>La idea es que el piso es a la vez mueble e inmueble</strong>. Es a la vez móvil y estacionario. El piso es la superficie que contie­ne toda la vida de la casa: los conductos, los muebles, in­cluso la televisión. Porque la televisión es un objeto que se mira entre las piernas, en el cual uno se sumerge, co­mo una pileta o un acuario. Ahí, como en la realidad pla­netaria, el suelo contiene la vida.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: <em>Pero el suelo mismo también está inclinado.</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>El plano inclinado del Beaubourg es aberrante: es continuo. Lo interesante es <em>hacer olas, </em>y luego enderezar­se de tanto en tanto. <strong>No estábamos totalmente en contra de lo horizontal -eso sería una aberración, lo horizontal es un suelo-; simplemente, no queríamos que la horizon­talidad fuera permanente</strong>. En la &#8220;función oblicua&#8221;, <strong>la es­tructura es autoportante, lo cual quiere decir que no hay otra cosa más que suelo</strong>. La estructura está en todas par­tes. <strong>Hay una multiplicación de superficies y, a la vez, la posibilidad de la intercomunicación</strong>. Además, estas su­perficies inclinadas <strong>son muy buenas para la energía solar. La energía solar funciona con ángulos</strong>; en ese entonces ya lo teníamos en cuenta. Incluso hicimos algunas ma­quetas. Es un poco como la idea de las puertas del avión.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: <em>Tomaron el ala del avión como modelo. ¿Por qué?</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>Porque tenía todo incorporado. Uno pasea por el ala. En los alas volantes, los tipos caminan por el medio de las alas, el mecánico va a fijarse cómo está el motor. Así que de ahí salió la idea de una estructura que lo contuviera todo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    S. L.: <em>Lo que proponían era una revolución del espacio. Pe­ro la idea no tuvo éxito.</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span>    P. </span>V.: <span>Era una revolución en la arquitectura que la arquitec­tura no quiso. En esa época, los franceses aún eran corbusianos. No había gran cosa que escapara a eso, con la excepción de Frederick Kiesler. Él es quien construyó el Santuario del Libro, en Jerusalén, para guardar los rollos del Mar Muerto. El edificio fue diseñado como un cuenco.</span></p>
<p class="MsoNormal">[...]</p>
<p class="MsoNormal"><img src="http://www.aaschool.info/publications/images/21.jpg" align="texttop" height="197" width="160" /></p>
<p class="MsoNormal"> Extraido de: Amanacer crepuscular || Paul Virilio en diálogo con Sylvère Lotringer || Publicado por Fondo de cultura económica<br />
<span><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-top:9.35pt;line-height:0.05pt;"><span style="font-size:1pt;"> </span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Laboratorios para una costa inteligente. Acerca de los medios y las herramientas para la invención de soportes para el turismo</title>
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		<comments>http://hipercroquis.net/2006/10/19/laboratorios-para-una-costa-inteligente-acerca-de-los-medios-y-las-herramientas-para-la-invencion-de-soportes-para-el-turismo/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Oct 2006 23:38:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier milara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[por Luz Fernández Valderrama Aparicio Archipiélago, Nov, 2005 El problema inicial de cualquier arte es el de la necesaria ruptura del espejo, de los espejos de las yoidades, ya sean individuales (el autor) o colectivos (el Estado, el mercado, los medios de comunicación &#8230;). Romper el espejo para que surja, en libertad, el acontecimiento, para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="artPubLine"> por <a href="http://www.findarticles.com/p/search?tb=art&amp;qt=%22Luz+Fern%C3%A1ndez+Valderrama+Aparicio%22">Luz Fernández Valderrama Aparicio</a></p>
<p> <span class="artPubLine_span"><a href="http://www.archipielago-ed.com/" target="_blank">Archipiélago</a></span>,  Nov, 2005</p>
<p>El problema inicial de cualquier arte es el de la necesaria ruptura<br />
del espejo, de los espejos de las yoidades, ya sean individuales (el<br />
autor) o colectivos (el Estado, el mercado, los medios de comunicación<br />
&#8230;). Romper el espejo para que surja, en libertad, el acontecimiento,<br />
para que emerja con energía una porción de realidad.</p>
<p>Es nuestra trampa y la trampa, a la vez que el síntoma, de todas<br />
aquellas situaciones contemporáneas que se nos ofrecen como obsoletas,<br />
problemáticas o, en otros términos, desafiantes y excesivas.</p>
<p>El turismo, y en concreto el turismo de costa, es una de esas<br />
situaciones problemáticas que no deja de reflejar las energías humanas<br />
del capital, del mercado o de los medios de comunicación, construyendo<br />
una relación con el medio que cada vez se hace menos sostenible &#8211;y por<br />
ello amenazadora de la preservación&#8211; en vez de inaugurar o dar forma a<br />
un nuevo modo de libertad que, sin anular estas fuerzas, las dirija y<br />
las encauce hacia un modelo de territorio o ciudad donde sea posible el<br />
reconocimiento de unos nuevos órdenes.<span id="more-75"></span></p>
<p>La situación es ya alarmante, podemos hablar de un territorio<br />
doble, necesitado de una urgente relectura, pues su catástrofe es<br />
también el potencial, la energía activa fructífera para otro proceso de<br />
creación. La arquitectura de cada época debe dar respuesta a las<br />
situaciones problemáticas del momento que le ha tocado vivir, ése es el<br />
mandato soberbio de la modernidad. El proyecto contemporáneo lo<br />
descubre en el fenómeno turístico, que, con una densidad alarmante,<br />
acoge a todos los problemas y las posibilidades de la ciudad<br />
contemporánea, concentrados la mayoría de las veces en el tiempo y en<br />
el espacio (1).</p>
<p>Y así se alcanza a pensar que el interés del proyecto de<br />
arquitectura no está ni en la brillante construcción de más objetos<br />
para un paisaje que no los demanda, ni tampoco en una idealidad como<br />
excusa dominadora de su realización. El interés del proyecto<br />
contemporáneo se encuentra en la capacidad para desvelar cuáles son los<br />
problemas contemporáneos, dónde están las insurrecciones entre los<br />
hombres y la materia, dónde y por qué se revela la realidad, demandando<br />
otras opciones que sean aptas para los nuevos tiempos, para así<br />
trabajar con estas insurrecciones, con los problemas-temas que<br />
almacenan la energía activa en la que necesariamente debe navegar todo<br />
el proceso del proyecto.</p>
<p>Pero la argumentación que para los problemas ofrecen las<br />
arquitecturas para estas situaciones no surge del simple análisis y<br />
estudio de los mismos. Es necesario ir más allá, ya no es posible<br />
enunciar las bases para nuevos programas territoriales, tal vez más<br />
complejos y seguros y mucho más híbridos, la cuestión está en el<br />
proceso a través del cual se llega a la definición de esos programas:<br />
&#8220;Se está haciendo cada vez más importante para los arquitectos operar a<br />
dos niveles, uno en el que se produce la arquitectura, y otro<br />
independiente de la arquitectura, que intenta comprender al nivel más<br />
básico qué está ocurriendo en el mundo y cómo afectan estos fenómenos a<br />
la arquitectura&#8221;. (2)</p>
<p>El problema no está en cambiar los programas e inventar unos<br />
nuevos, sino en los procesos y en las herramientas utilizadas para<br />
definir y gestionar estos programas. También en este campo, la<br />
arquitectura ha cambiado sustancialmente, no sólo en la manera de<br />
trabajar con el programa, sino en la manera misma de entender qué es<br />
actualmente el programa y cómo nos interesa trabajar en nuestras mesas<br />
de trabajo en este sentido.</p>
<p>En la arquitectura de los años 50 se evolucionó desde la<br />
preocupación de adaptar la forma del proyecto a la definición de un<br />
programa, hasta hacer del programa un punto de apoyo para la forma del<br />
edificio. El funcionalismo tenía como fin que el edificio fuera<br />
explícito en su cometido funcional e, incluso, que se hiciera<br />
comunicable, fácilmente reconocible. Hasta la novedad y la riqueza de<br />
los usos constituían un valor añadido de la arquitectura y más si ésta<br />
se ordenaba visualmente en función del orden programático de sus<br />
funciones: &#8220;El núcleo técnico de la casa Farnsworth, los espacios<br />
sirvientes y servidos por Kahn, el maclaje de volúmenes de la iglesia<br />
aaltiana de Imatra, las rupturas morfológicas de la casa Ugalde o los<br />
leves gestos de los apartamentos Borsalino pretendían hablar de<br />
espacios para usos distintos y de la evidencia perceptible de estas<br />
diferencias. Una arquitectura nacida de la abstracción buscaba, en la<br />
particularidad de cada programa, una de las razones de su justificación<br />
formal. Zonificadas, orgánicas, constructivas, las razones funcionales<br />
articulaban la forma arquitectónica y su expresión&#8221; (3).</p>
<p>La arquitectura contemporánea, sin embargo, encuentra una nueva<br />
actitud en la manera de trabajar el proyecto con el programa: estos<br />
proyectos ni se adaptan al programa, ni hacen de él una excusa para<br />
encontrar el sentido de la forma, estas arquitecturas reinventan y<br />
reactivan el programa con el proceso del proyecto.</p>
<p>Es más: como se decía, cambia la manera misma de entender qué es<br />
actualmente el programa y cómo nos interesa trabajar en este sentido.<br />
Si primero fue la función, una noción en la que ni siquiera se osaba<br />
tantear cuestiones más amplias, el programa apareció luego como una<br />
capacidad más del proyecto, como una dimensión superior en la que el<br />
proyecto podía proponer otra organización de ese programa, pero sin<br />
cambiarlo sustancialmente.</p>
<p>Ahora el programa ya no es ni función ni organización sino que ha<br />
pasado a ser, en primer término, información. En los proyectos se ha<br />
empezado a imponer la necesidad de trabajar con mucha información: ya<br />
no dependemos de &#8220;la idea&#8221;, sino que nos obligamos a gestionar una gran<br />
cantidad de constricciones. El proyecto se mueve necesariamente en el<br />
plano de la realidad, realidad compleja, inabarcable, que sólo se deja<br />
cortar parcialmente.</p>
<p>Pero, ¿por qué hemos pasado del programa a la información? Porque<br />
el programa no es otra cosa que la información gestionada por el<br />
&#8220;aparato del Estado&#8221;, usando términos de Deleuze y Guattari, y ahora,<br />
sobre todo, por los medios de comunicación. Pasar del programa a la<br />
información es relativizar el papel de la institución y encontrar en<br />
este trabajo las bases para desestabilizar los órdenes impuestos por<br />
las viejas instituciones. Este es uno de los campos más fructífero del<br />
proyecto, descubrir nuevos órdenes bajo los viejos órdenes establecidos.</p>
<p>Pero la información se multiplica cada vez más. Para filtrarla y<br />
hacerla operativa, el proyecto construye, en vez del viejo programa, un<br />
nuevo orden que adquiere la forma de mapa o de figura. En el fondo es<br />
sólo un modo para empezar a filtrar la información, para cualificarla<br />
de una determinada manera impuesta por una lógica que el mismo proceso<br />
de investigación genera. De ahí surgen los denominados &#8220;paisajes de<br />
datos&#8221;, fruto de la plena conciencia de que efectivamente la realidad<br />
sólo se puede cortar a través de múltiples capas que se superponen unas<br />
a otras, simultáneas y superpuestas a la vez.</p>
<p>Más que de programas (información) y lugares (situaciones)<br />
deberíamos hablar de neocontextualismos, en los que se mezclan datos<br />
que tienen que ver tanto con el programa &#8211;descompuesto ya en<br />
información&#8211; como con la situación o el lugar, al igual que con la<br />
temporalidad del proyecto o de sus usos, con los deseos de los sujetos<br />
o la realidad antropológica con la que vamos a trabajar en el proyecto.</p>
<p>Función [flecha diestra] Programa [flecha diestra] Información = Neocontextualismo</p>
<p>El cambio sustancial es que ya no es el programa, o en su origen la<br />
función, el punto de partida para el proyecto, sino la información en<br />
general, gestionada a través de paisajes de datos compuestos por<br />
multitud de capas que provienen del campo de la antropología, de la<br />
sociología, climatología, topografía, fluctuaciones de las actividades,<br />
etc. Ya no es con las ideas con lo que el proyecto se quiere enfrentar<br />
sino con la realidad, compleja e inabarcable, y ésa es su riqueza y ahí<br />
es donde está el gran campo de posibilidad del proyecto contemporáneo.<br />
Sólo así podremos ser incluso utópicos. Como citaba Vicente Guallart en<br />
el Seminario de Arquitectura Radical, &#8220;Hoy lo más realista, es ser<br />
utópicos&#8221; (4).</p>
<p>El camino es construir &#8220;máquinas de guerra&#8221;, herramientas que<br />
gestionen la información de otra manera, desvelando las nuevas<br />
posibilidades de lo real. Deberíamos por ello dejar de hablar de<br />
proceso del proyecto, palabra que se asocia a la disciplina de la<br />
arquitectura, para hablar de laboratorios.</p>
<p>&#8211;Laboratorios participados, porque este proceso ya no pertenece<br />
exclusivamente a la arquitectura sino que es necesariamente<br />
transdisciplinar &#8211;y necesariamente social&#8211;, de modo que deberíamos<br />
apostar por ellos como medio contemporáneo para la construcción de lo<br />
real, de los nuevos modos de libertad que cada situación demanda.</p>
<p>&#8211;Laboratorios de conocimiento y de acción, porque son herramientas<br />
potentísimas para cortar la realidad, para conocerla y simultáneamente<br />
para reinventarla o renovarla dejando que la energía activa emergente<br />
en forma de problema, y la historia, se unan en el acontecimiento: &#8220;Hoy<br />
todo ha terminado, la construcción de lo real va al mismo ritmo que la<br />
construcción de la herramienta, la producción de la herramienta es lo<br />
mismo que la construcción del mundo&#8221; (5).</p>
<p>&#8211;Laboratorios para el arte, porque vuelve a estar de la mano del<br />
arte la solución o, mejor dicho, ciencia y arte ya no pueden ser<br />
dualidades en la acción sobre el territorio: es necesario gestionar la<br />
información creativamente porque sigue siendo el arte lo que no se<br />
repliega ni al mercado ni a la crítica ni a la academia, liberando<br />
nuevas realidades, liberando a las colectividades, pero también a<br />
nuestros paisajes o a nuestros territorios. La misión del laboratorio<br />
es construir un nuevo modo de libertad, las estrategias manipularán la<br />
información de manera insospechada, como siempre suele hacer el arte.</p>
<p>&#8211;Laboratorios terapéuticos. &#8220;Alguna vez se sabrá que no había arte<br />
sino medicina&#8221;, decía Nietzsche, indudablemente marcado por su realidad<br />
biográfica. Hoy esta frase nos hace pensar que no hay solución sin<br />
alcanzar un nuevo orden más sostenible, energéticamente más provechoso<br />
y territorialmente menos destructivo. Ya no es posible trabajar sólo<br />
para retirar las células enfermas o sustituirlas, es un problema del<br />
sistema inmunológico; no se puede atacar el problemas en la superficie<br />
sino que es necesario agenciar &#8211;creativamente&#8211; las herramientas y los<br />
instrumentos para trabajar con los problemas desde su origen.</p>
<p>Es únicamente en estos laboratorios de donde puede surgir los<br />
nuevos proyectos, los nuevos enunciados y programas para una costa<br />
turística sostenible, soluciones que vienen de la mano del arte, de la<br />
ética y de la medicina, si es que todavía los podemos enunciar como<br />
campos independientes. Nuestro esfuerzo consistirá en ponerlos en<br />
marcha (6).</p>
<p>&#8211;Laboratorios de arquitecturas sin nombre. &#8220;Es el viaje el<br />
verdadero laboratorio del conocimiento. Es él el que sitúa a Ulises en<br />
la tarea y el deber del ver y el conocer. Son estas las disposiciones<br />
que deciden la nueva relación con los acontecimientos, con las cosas<br />
&#8230; Quien parte, quien abandona la transparencia de lo conocido, se<br />
encuentra en primer lugar con la no transparencia, lo oscuro, aquello<br />
que desde el no conocimiento se resiste y protege a la sombra. El<br />
primer viaje es siempre hacia la sombra, el lugar sin-nombre, que se<br />
nos oculta, enigma.&#8221; (7) Montar laboratorios sobre los sitios del viaje<br />
&#8211;el origen del tour (turista)&#8211; nunca ha tenido tan lejos el sentido<br />
último del viaje como camino de transformación (8). El problema de las<br />
arquitecturas para el turismo es que se han hecho demasiado<br />
predecibles, ya no son la respuesta a esos lugares sin nombre a los que<br />
queremos ir, sino que reproducen otros muchos lugares, muchas veces<br />
demasiado conocidos, por lo que el viaje &#8211;tour&#8211; deja de ser un<br />
encuentro con lo desconocido para ser un reconocimiento de nuestros<br />
supuestos: son transparentes. La misión del laboratorio debería ser<br />
inventar arquitecturas opacas: que desvelen lo diferente de los<br />
lugares, de las situaciones, de los acontecimientos, de los problemas.</p>
<p>&#8211;Laboratorios de arquitecturas negociadas. En el viaje<br />
contemporáneo, y en la realidad cotidiana, las experiencias se<br />
aceleran, los medios de comunicación se multiplican, y así se condensan<br />
en el tiempo y en el espacio las experiencias y los acontecimientos.<br />
¿No debería pasar lo mismo con la arquitectura? La arquitectura debe<br />
acelerarse en el espacio haciendo compatibles actividades que antes no<br />
lo eran. Tal vez una de las estrategias para negociar estas acciones o<br />
acontecimientos sea trabajar con el factor tiempo como una dimensión<br />
más del espacio: arquitecturas que se hacen estacionales o temporales,<br />
negociando así diferentes usos en diferentes secuencias temporales.<br />
Arquitecturas reversibles, compatibles o recidadas, estrategias<br />
necesarias para construir la ciudad lineal turística más sostenible:<br />
&#8220;Una ciudad sostenible es aquella capaz de diseñar una estrategia para<br />
aumentar la complejidad, que, en otras palabras, significa aumentar la<br />
probabilidad de contactos entre los diversos elementos sin aumentar el<br />
consumo de energía y de recursos [...] El aumento de complejidad en<br />
diversas áreas de la ciudad supone concentrar en un mismo espacio<br />
elementos de características distintas&#8221; (9).</p>
<p>Las prestaciones necesarias para estas arquitecturas serán la<br />
capacidad estratégica y la capacidad de negociación, concepto clave<br />
para la arquitectura contemporánea, como tal vez en otro momento fue la<br />
funcionalidad. La capacidad de negociación es un índice de la<br />
flexibilidad necesaria de los nuevos soportes que propongamos.</p>
<p>Es dentro de esta estrategia general donde se puede dar respuesta a<br />
la difícil dicotomía entre la demanda de decrecimiento que plantean<br />
cierta teorías (10) y la incuestionable necesidad de crecimiento de<br />
toda sociedad capitalista. Una posible resolución de la paradoja podría<br />
consistir en plantear crecimientos inversos o crecimientos recursivos:<br />
crecimientos sobre sí mismo, crecer sobre la variable tiempo, de manera<br />
recursiva &#8211;las estacionalidades en la ocupación de la costa permiten<br />
pensar otras estrategias de ocupación compatibles que a su vez<br />
reactiven continuamente el tejido que utilizan como soporte&#8211;, o<br />
crecimientos inversos, planteando el crecimiento de esos programas que<br />
nunca han sido objeto del proyecto de arquitectura y que ahora emergen<br />
como material necesario y no prescindible. Nos referimos, por ejemplo,<br />
a la construcción del &#8220;bosque urbano&#8221; o el &#8220;parque natural urbano&#8221;.<br />
Ampliar estos programas, en ocasiones en detrimento de otros, y otras<br />
en constante negociación con los mismos, es una medida, no sólo<br />
curativa, sino preventiva de la imparable ciudad lineal costera. Como<br />
lo es negociar, dentro de los planes parciales, la calificación del<br />
suelo en altura, apostando por la compatibilidad en vertical, liberando<br />
horizontalmente suelos para el crecimiento de estos otros programas<br />
necesarios en nuestras ciudades.</p>
<p>El reto estará en ser capaz de producir estos laboratorios<br />
participados (disciplinar y socialmente) y con ellos los soportes<br />
necesarios para la ciudad&#8211;turística&#8211;contemporánea, agenciando así los<br />
nuevos modos de libertad social y nuevos modos de libertad territorial.<br />
De otro modo sólo serán, de nuevo, reflejo y especulaciones de nuevas<br />
yoidades, esta vez más sofisticadas y complejas.</p>
<p>BIBLIOGRAFÍA</p>
<p>&#8211;VV AA, Mutaciones, Barcelona, Actar, 2000.</p>
<p>&#8211;VV AA, Reinventar el destino. Reflexiones sobre el espacio<br />
turístico contemporáneo, EU especiales de urbanismo no. 3, recopilación<br />
a cargo de Joaquín Casariego y Elsa Guerra, Ayuntamiento de Las Palmas<br />
de Gran Canaria, 2005.</p>
<p>&#8211;Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Valencia, Pre-Textos, 1994</p>
<p>&#8211;Ramón Folch, Diccionario de Socioecología, Barcelona, Planeta, 1999.</p>
<p>&#8211;Salvador García Espuche y Rueda, La ciudad sostenible, Barcelona, Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, 1998.</p>
<p>&#8211;Michel Houellebecq, Plataforma, Barcelona, Anagrama, 2002.</p>
<p>&#8211; Francisco Jarauta, &#8220;El viaje como identidad cambiante: las<br />
metamorfosis de Ulises&#8221;, conferencia inédita perteneciente al curso &#8220;Un<br />
viaje fantástico. El periplo de la Creación&#8221; de los Cursos de Verano de<br />
la Universidad Complutense de Madrid (Madrid, 11 de agosto de 2005).</p>
<p>&#8211;Antonio Negri, Arte y multitudo. Ocho cartas, Madrid, Trotta, 2000.</p>
<p>&#8211;Ignasi Solá Morales, Diferencias. Topografía de la arquitectura contemporánea, Barcelona, Gustavo Gili, 1995.</p>
<p>NOTAS</p>
<p>(2.) VV AA, Mutaciones, p. 116.</p>
<p>(3.) I. Solí Morales, Diferencias. Topografía de la arquitectura contemporánea, p. 17.</p>
<p>(4.) Conferencia impartida en el Seminario &#8220;Arquitectura Radical&#8221; dirigido por Francisco Jarauta en febrero de 2002.</p>
<p>(5.) Antonio Negri, Artey multitudo. Ocho cartas, p. 62.</p>
<p>(6.) Desde septiembre de 2004 a mayo de 2005 se llevó a cabo uno de<br />
estos laboratorios bajo el proyecto de investigación denominado &#8220;Hacia<br />
una costa inteligente&#8221; de la Bienal Internacional de Arquitectura<br />
Rotterdam. El trabajo fue realizado por profesores y alumnos de<br />
diferentes escuelas de arquitectura de España, formando grupos<br />
interdisciplinares de trabajo. Los resultados deben enmarcarse tanto<br />
dentro del campo del diagnóstico y análisis como en el campo<br />
propositivo del proyecto de arquitectura: herramientas, al fin y al<br />
cabo, de conocimiento y de construcción (&#8220;Hacia una costa inteligente&#8221;,<br />
Bienal Internacional de Arquitectura Rotterdam, Programa 2005, Tema El<br />
Agua&#8211;Los flujos y el arca, 2a edición. Comisario: Adriaan Geuze;<br />
director: George Brugmans; coordinador de España: Manuel Gausa;<br />
coordinador de el equipo de la ETSAS: José Morales Sánchez. El trabajo<br />
de investigación ha sido elaborado por alumnos P5, P4 y P2 de la ETSAS<br />
a cargo de los profesores José Morales, Sara de Giles, Juan González<br />
Mariscal, José Luis Bezos, Julio Barreno, Ignacio Capitán y Luz<br />
Fernández Valderrama. Profesores colaboradores: Santiago Cirugeda,<br />
Fernando Díaz de Pulgar y Carlos Morales).</p>
<p>(7.) Francisco Jarauta, &#8220;El viaje como identidad cambiante: las metamorfosis de Ulises&#8221;, 2005.</p>
<p>(8.) Ha sido tal vez Houellebecq, en su libro Plataforma, el que<br />
nos ha mostrado una posible conciliación, no occidental, ni traumática<br />
(sólo aparentemente), entre el turismo contemporáneo y el viaje de<br />
Ulises: &#8220;En resumen, el turismo como búsqueda de sentido, con la<br />
sociabilidad lúdica que favorece y las imágenes que genera, es un<br />
dispositivo de comprensión gradual, codificada, y no traumatizante del<br />
exterior y la alteridad&#8221;. Rachid Amiruo (en Plataforma, de Michel<br />
Houellebecq).</p>
<p>(9.) Salvador García Espuche y Rueda, La ciudadsostenible, p. 100.</p>
<p>(10.) &#8220;La sostenibilidad es decrecimiento: hemos de (re)plantearnos<br />
las nociones y los conceptos de crecimiento y desarrollo para<br />
literalmente crear una nueva región conceptual sobre la sostenibilidad.<br />
Como es bien sabido, la cuestión de las relaciones y oposiciones entre<br />
crecimiento y desarrollo fue un tema recurrente en la bibliografía y en<br />
los debates de los años 60 y 70. En las décadas posteriores quedó<br />
literalmente arrinconado como asunto y hoy, con la irrupción de la<br />
noción de sostenibilidad, vuelve a adquirir una posición central en los<br />
debates &#8230; No se puede seguir manteniendo que el crecimiento no es el<br />
problema. El problema es el crecimiento y no el desarrolllo, cuya<br />
formulación teórica &#8211;e instrumental&#8211; es posible &#8230; Por tanto el<br />
horizonte es el decrecimiento&#8221; (Alfredo Rubio Díaz, material para el<br />
curso de Doctorado 2005-2006 &#8220;Ciudad y Arquitectura sostenible para un<br />
futuro europeo&#8221; de la ETSAS, inédito, junio de 2005).</p>
<p>* José Ramón Moreno Pérez ha publicado recientemente con el grupo<br />
de investigación &#8220;Composite&#8221; el libro Sobre la situación de la<br />
arquitectura: genealogías, diagnósticos e interpretación (Sevilla,<br />
Universidad de Sevilla, 2005).</p>
<p>Luz Fernández Valderrama Aparicio es autora del libro La<br />
construcción de la mirada: tres distancias (Sevilla, Instituto<br />
Universitario de Ciencias de la Construcción y Servicio de<br />
Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2005)</p>
<blockquote>
<blockquote><p><a href="http://alojamientos.us.es/publius/publicacion.php?sec=0&amp;id=12033" target="_blank"><img src="http://alojamientos.us.es/publius/imagenes/L-12033.gif" /><br />
</a></p></blockquote>
</blockquote>
<p>Reseña:<br />
&#8220;La construcción de la mirada: tres distancias&#8221;, es una reflexión sobre el proyecto de<br />
arquitectura. Cómo se construye la mirada de aquellos arquitectos de<br />
los que queremos aprender y cómo podemos construir la nuestra, son las<br />
cuestiones centrales de búsqueda de todo el texto. Para ello, el<br />
trabajo construye una herramienta, la distancia, para cortar<br />
arquitecturas sobre las que nos interesa pensar para aprender del<br />
proceso de creación y de cómo éste se genera. Inventar primero la<br />
herramienta para averiguar luego sus prestaciones o aplicaciones y así<br />
intentar provocar sugerencias que nos seduzcan a proyectar. Bien podría<br />
haberse denominado &#8220;Manual para construir distancias&#8221;, o &#8220;Un manual<br />
para proyectar&#8221; ya que proyectar, es construir distancias.</p>
<p>Las imágenes pertenecen a los alumnos de Proyectos 4 de la ETSAS<br />
para el proyecto de investigación &#8220;Hacia una costa inteligente&#8221; en el<br />
curso 2004-2005. Profesores: Sara de Giles, Ignacio Capitán y Fernández<br />
Valderrama. Fig. 1: A. Ariza Roca y J.M. Martos Leiva; Fig. 2: J.A.<br />
Pavón González, F.J. Martínez Navarro, F. Pérez Alcántara, M. Pérez<br />
Gonzalo, P. Pérez Lucas y M. Rego Gómez; Fig. 3: F. Castillo Navarro y<br />
F. Fernández Gallardo; Fig. 4: S. Lorca López, H. Lozano Jiménez y A.<br />
Martínez Huelva; Fig. 5: L. Contreras Solozano y M.P. García Gómez;<br />
Fig. 6: P. Montero Baena, A. Moragues Campos, G. Navarro Ortuño.</p>
<p>COPYRIGHT 2005 Confluencia, S.A. de C.V.<br />
COPYRIGHT 2006 Gale Group</p>
<p>[obtenido en: <a href="http://www.findarticles.com">findarticles</a>]</p>
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			<wfw:commentRss>http://hipercroquis.net/2006/10/19/laboratorios-para-una-costa-inteligente-acerca-de-los-medios-y-las-herramientas-para-la-invencion-de-soportes-para-el-turismo/feed/</wfw:commentRss>
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		</item>
		<item>
		<title>Bruce Mau: manifesto incompleto</title>
		<link>http://hipercroquis.net/2006/10/19/bruce-mau-manifesto-incompleto/</link>
		<comments>http://hipercroquis.net/2006/10/19/bruce-mau-manifesto-incompleto/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Oct 2006 22:06:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier milara</dc:creator>
				<category><![CDATA[antrópicas]]></category>
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		<guid isPermaLink="false">http://hipercroquis.net/?p=72</guid>
		<description><![CDATA[visita el sitio de Bruce &#160; 1. Permite que los acontecimientos te cambien. Tienes que estar deseando crecer. El crecimiento no es algo que te ocurre. Tú lo produces. Tú lo vives. Los requisitos del crecimiento son: que estés abierto a experimentar nuevos acontecimientos y dispuesto a ser cambiado por ellos. 2. Olvídate de lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="boldheadline">visita el sitio de <a href="http://www.brucemaudesign.com/index.html" target="_blank">Bruce</a></p>
<p class="boldheadline"><img src="http://jillslivingroom.typepad.com/photos/uncategorized/dontbecool.jpeg" height="241" width="469" /></p>
<p class="boldheadline">&nbsp;</p>
<p class="boldheadline"> <a href="http://www.brucemaudesign.com/index.html" target="_blank"></a></p>
<p><strong>1.	Permite que los acontecimientos te cambien.</strong> Tienes que estar deseando crecer. El crecimiento no es algo que te ocurre. Tú lo produces. Tú lo vives. Los requisitos del crecimiento son: que estés abierto a experimentar nuevos acontecimientos y dispuesto a ser cambiado por ellos.</p>
<p><strong>2.	Olvídate de lo bueno.</strong> Lo bueno es una medida conocida; es aquello en lo que todos estamos de acuerdo. Crecer no es algo necesariamente bueno. El crecimiento es una exploración intermitente que no necesariamente nos llevará a lo que estamos buscando. Mientras te apegues a lo bueno, nunca alcanzarás el verdadero crecimiento.</p>
<p><strong>3.	El proceso es más importante que el resultado.</strong> Cuando el resultado conduce al proceso, sólo llegaremos  a donde ya hemos estado. Si el proceso conduce al resultado, quizás no sabremos a dónde vamos, pero sabremos que queremos estar ahí.<span id="more-72"></span></p>
<p><strong>4.	Ama tus experimentos (como amarías a un hijo feo).</strong> La emoción es el motor del crecimiento. Goza la libertad de considerar tu trabajo como maravillosos experimentos, intentos,  ensayos y errores. Adopta un enfoque de largo plazo y permítete todos los días la diversión de fracasar.</p>
<p><strong>5.	Profundiza.</strong> Entre mayor profundidad alcances,  más probable será que encuentres algo valioso.</p>
<p><strong>6.	Captura los accidentes.</strong> La respuesta incorrecta es la respuesta acertada en busca de una pregunta diferente. Acumula respuestas equivocadas como parte del proceso. Plantéate diferentes preguntas.</p>
<p><strong>7.	Estudia.</strong> Un estudio es un lugar para estudiar. Utiliza la necesidad de producir como una excusa para estudiar. Todos se beneficiarán.</p>
<p><strong>8.	Divaga.</strong> Permítete divagar sin propósito. Explora lo colindante. Evita los juicios. Deja la crítica para después.</p>
<p><strong>9.	Comienza donde sea.</strong> John Cage nos dice que el no saber dónde comenzar es una forma común de parálisis. Su consejo: comienza donde sea.</p>
<p><strong>10.	Todos somos líderes.</strong> El crecimiento ocurre. En el momento en que se dé, déjalo surgir. Aprende a seguir a otros cuando tenga sentido. Permite que cualquiera dirija.</p>
<p><strong>11.	Cosecha ideas.</strong> Limita las aplicaciones. Las ideas necesitan de una dinámica, de un flujo, de un ambiente generoso para sobrevivir.</p>
<p><strong>12.	No dejes de moverte.</strong> El mercado y su dinámica tienen la tendencia a reforzar el éxito. Resístelo. Permite que el fracaso y la capacidad de cambio sean parte de tu práctica.</p>
<p><strong>13.	Desacelérate.</strong> Apártate de la sincronía de los marcos de tiempo establecidos y te sorprenderán las oportunidades que se presentarán.</p>
<p><strong>14.	No seas &#8220;cool&#8221;.</strong> &#8220;Cool&#8221; es el temor conservador vestido de negro. Libérate de los límites de esta naturaleza.</p>
<p><strong>15.	Haz preguntas tontas.</strong> El crecimiento se alimenta del deseo y de la inocencia. Valora la respuesta, no la pregunta. Imagínate aprendiendo a lo largo de tu vida al ritmo de un niño.</p>
<p><strong>16.	Colabora.</strong> El ambiente que prevalece entre la gente que trabaja en equipo está lleno de conflictos, fricciones, discordias, gozos y un vasto potencial creativo.</p>
<p><strong>17.	_____________.</strong> Intencionalmente conservado en blanco. Deja espacio para las ideas que aún no has tenido y para las ideas de otros.</p>
<p><strong>18.	Desvélate.</strong> Cosas extrañas ocurren cuando has ido muy lejos, cuando llevas mucho tiempo despierto, has trabajado demasiado y estás aislado del resto del mundo.</p>
<p><strong>19.	Trabaja la metáfora.</strong> Cada objeto tiene la capacidad de representar algo distinto de lo que aparentemente es. Trabaja en lo que representa.</p>
<p><strong>20.	Asegúrate de correr riesgos.</strong> El tiempo es algo genético. El hoy es hijo del ayer y padre del mañana. El trabajo que haces hoy creará tu futuro.</p>
<p><strong>21.	Repítete.</strong> Si te gusta, hazlo otra vez. Si no te gusta, hazlo otra vez.</p>
<p><strong>22.	Inventa tus propias herramientas.</strong> Haz híbridos con tus propias herramientas para construir cosas únicas. Aun las herramientas más sencillas pueden construir avenidas completamente nuevas para la exploración. Recuerda que las herramientas amplifican nuestras capacidades, y que la más pequeña de éstas puede hacer una gran diferencia.</p>
<p><strong>23.	Súbete a los hombros de los demás.</strong> Puedes viajar más lejos montado en los logros de quienes te han precedido. Y  desde ahí, la vista es mucho mejor.</p>
<p><strong>24.	Evita el software.</strong> El problema con el software es que todo el mundo lo tiene.</p>
<p><strong>25.	No limpies tu escritorio.</strong> Podrías encontrar por la mañana algo que no pudiste ver esta noche.</p>
<p><strong>26.	No participes en concursos en busca de reconocimiento.</strong> Simplemente no lo hagas. No es bueno para ti.</p>
<p><strong>27.	Sólo lee las páginas del lado izquierdo.</strong> Marshall McLuhan lo hacía. Si disminuimos la cantidad de información, dejamos espacio para lo que puede ser nuestra &#8220;ronchita&#8221;.  <strong>28.	Crea nuevas palabras.</strong> Expande el léxico. Las nuevas condiciones demandan nuevas formas de expresión.  La expresión genera nuevas condiciones.</p>
<p><strong>29.	Piensa con la mente.</strong> Olvida la tecnología. La creatividad no es un objeto-dependiente.</p>
<p><strong>30.	Organización = Libertad.</strong> La verdadera innovación en diseño, o en cualquier otro ámbito, ocurre en un contexto. Ese contexto es una suerte de empresa manejada como cooperativa. Frank Gehry, por ejemplo, sólo es capaz de crear Bilbao porque su estudio lo tiene contemplado en el presupuesto. El mito de una separación entre los &#8220;creativos&#8221; y los &#8220;de traje&#8221; es lo que Leonard Cohen define como un &#8220;encantador artefacto del pasado&#8221;.</p>
<p><strong>31.	No pidas dinero prestado.</strong> Nuevamente, es un consejo de Frank Gehry. Al mantener el control financiero, mantenemos el control creativo. Esto no es exactamente ciencia espacial, pero es sorprendente lo difícil que resulta mantener esta disciplina y cuántos han fallado en ello.</p>
<p><strong>32.	Escucha con atención.</strong> Todo colaborador que entra en nuestra órbita trae consigo un mundo más extraño y complejo de lo que jamás hubiéramos imaginado. Al escuchar el detalle y la sutileza de sus necesidades, deseos o ambiciones, hacemos coincidir su mundo con el nuestro y ninguna de las partes volverá a ser la misma.</p>
<p><strong>33.	Haz visitas de campo.</strong> La amplitud del mundo es mucho más grande que la de tu televisor o Internet; más profunda, interactiva, rentable y dinámica que cualquier ambiente simulado en computadora en tiempo real.</p>
<p><strong>34.	Comete errores más rápido.</strong> Esta no es mi idea; la pedí prestada. Creo que pertenece a Andy Grove.</p>
<p><strong>35.	Imita.</strong> No seas tímido al respecto. Intenta llegar tan cerca como puedas. Nunca recorrerás todo el camino, y la separación puede resultar realmente sorprendente. Sólo necesitamos observar a Richard Hamilton con su versión del gran vaso de Duchamp para ver lo rica, desacreditada y desaprovechada que es la imitación como técnica.</p>
<p><strong>36.	Improvisa.</strong> Cuando se te olviden las palabras, haz lo que Ella Fitzgerald: inventa algo más &#8230; pero no palabras.</p>
<p><strong>37.	Rómpelo, estíralo, flexiónalo, estréllalo, quiébralo, dóblalo.</strong></p>
<p><strong>38.	Explora la otra orilla.</strong> Existe una gran libertad cuando evitamos adoptar el paquete tecnológico. No podemos encontrar la otra orilla porque estamos parados sobre ella. Intenta utilizar equipo con tecnología que se ha tornado obsoleta por un ciclo económico, pero que aún posee un rico potencial.</p>
<p><strong>39.	Los descansos para tomar café, los viajes en taxi, son invernaderos.</strong> El verdadero crecimiento con frecuencia ocurre fuera de los espacios en los que intentamos que se dé; en espacios poco ortodoxos &#8212; lo que el Dr. Seuss llama &#8220;el lugar de espera&#8221;. Hans Ulrich Obrist una vez organizó una conferencia sobre ciencia y arte con toda la infraestructura de una conferencia &#8212; recepción, pláticas, comidas, llegadas al aeropuerto &#8212; lo único que no hubo fue conferencia. Aparentemente el experimento fue altamente exitoso y gestó un ambiente de colaboración que aún persiste.</p>
<p><strong>40.	Evita marcar áreas.</strong> Sáltate las trancas. Las fronteras de la disciplina y los ambientes regulatorios son intentos de controlar la tormentosa vida creativa. Comúnmente son esfuerzos entendibles para ordenar los procesos evolutivos complejos. Nuestro trabajo es saltar trancas y atravesar campos.</p>
<p><strong>41.	Ríete.</strong> La gente que visita nuestro estudio con frecuencia comenta sobre cuánto nos reímos. Desde que soy consciente de ello, lo utilizo para medir qué tan cómodamente nos estamos expresando.</p>
<p><strong>42.	Recuerda.</strong> El crecimiento sólo es posible como producto de la historia. Sin memoria, la innovación se convierte en mera novedad. La historia da rumbo al crecimiento. Pero la historia nunca es perfecta. Cada recuerdo es una imagen degradada o recompuesta de un momento o acontecimiento previo. Esto es lo que nos hace conscientes de que se trata del pasado, y no del presente. Ello significa que cada recuerdo es nuevo, que se trata de algo diferente de su fuente y con un gran potencial de crecimiento propio.</p>
<p><strong>43.	Dale el poder a la gente.</strong> El juego sólo puede ocurrir cuando la gente siente que tiene el control sobre su vida. No podemos ser agentes libres si no somos gente libre.</p>
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		<title>Howard Rheingold: multitudes inteligentes (SMART MOBS)</title>
		<link>http://hipercroquis.net/2006/10/18/howard-rheingold-multitudes-inteligentes-la-proxima-revolucion-social-s-m-a-r-t-m-o-b-s/</link>
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		<pubDate>Wed, 18 Oct 2006 12:10:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier milara</dc:creator>
				<category><![CDATA[contemporáneas]]></category>
		<category><![CDATA[readscapes]]></category>
		<category><![CDATA[críticas]]></category>
		<category><![CDATA[imprescindibles]]></category>
		<category><![CDATA[utopías]]></category>

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		<description><![CDATA[autor del libro: Howard Rheingold web del proyecto: smart mobs RESUMEN DEL LIBRO La multitud inteligente emerge cuando las tecnologías de la comunicación amplían los talentos humanos de cooperación. Pero los impactos de la tecnología que define la multitud inteligente ya han mostrado que pueden ser al mismo tiempo beneficiosos y destructivos. Algunos la emplean [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><br />
</span><a href="http://www.gedisa.com/libro.asp?CodigoLibro=500006"><img src="http://www.gedisa.com/imagenes/libros/500006.jpg" alt="" width="185" height="252" /></a><br />
<span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><br />
autor del libro: </span><a href="http://www.rheingold.com/">Howard Rheingold</a></p>
<p>web del proyecto: <a href="http://smartmobs.com/">smart mobs</a><br />
<span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><br />
RESUMEN DEL LIBRO</span><span style="font-family: Arial;"><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-top:6pt;text-align:justify;">La multitud inteligente emerge cuando las tecnologías de la comunicación amplían los<br />
talentos humanos de cooperación. Pero los impactos de la tecnología que<br />
define la multitud inteligente ya han mostrado que pueden ser al mismo tiempo<br />
beneficiosos y destructivos. Algunos la emplean para apoyar la democracia y<br />
otros para coordinar ataques terroristas.<span id="more-71"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-top:6pt;text-align:justify;">Las tecnologías que comienzan a hacer posible la multitud inteligente son los mensajes por teléfonos<br />
móviles y sistemas sencillos de computación en microprocesadores baratos,<br />
como los que hay en objetos de uso cotidiano. Ya han caído gobiernos, se han<br />
extendido subculturas de jóvenes desde Asia a Escandinavia, han nacido nuevas<br />
industrias y las antiguas han lanzado furiosos contraataques.</p>
<p>Los participantes en las manifestaciones antiglobalización usaron páginas<br />
web manipuladas, teléfonos móviles<span> </span>y tácticas de “enjambre” en la “batalla de Seattle”<br />
de 1999. Un millón de filipinos derrocó a su presidente Estrada por medio de<br />
manifestaciones convocadas vía teléfono móvil.</p>
<p class="MsoNormal" style="margin-top:6pt;text-align:justify;">La gente que forma parte de la multitud inteligente coopera de maneras que nunca antes<br />
fueron posibles porque llevan aparatos que poseen al mismo tiempo propiedades<br />
de comunicación y de computación.</p>
<p>Los carteles mediáticos y las agencias gubernamentales tratan de volver a<br />
imponer el régimen de la era de la radio, privando a los usuarios de la<br />
tecnología del poder de crear y dejándoles sólo el poder de consumir. Esta<br />
lucha por el poder está en el trasfondo de las batallas por el <em>file-sharing</em>,<br />
la protección contra las copias, la regulación del espectro de la radio. ¿Serán<br />
los ciudadanos de mañana usuarios, como los propietarios de ordenadores y los<br />
creadores de páginas web que convirtieron la tecnología en una innovación<br />
prolífica? ¿O serán consumidores a los que se priva de la posibilidad de<br />
innovar, encerrados en modelos de tecnología y negocios controlados por los<br />
intereses de los más poderosos?</p>
<p><a href="http://www.rheingold.com/"><strong><span>Howard Rheingold</span></strong></a><span><strong> </strong>es una de las autoridades más destacadas del mundo sobre<br />
el tema de las implicaciones sociales de la tecnología. A lo largo de los últimos<br />
veinte años viajó por el mundo entero para investigar y escribir sobre las<br />
tendencias emergentes en computación, comunicaciones y cultura. Es uno de los<br />
creadores y antiguo editor ejecutivo de <em>HotWir</em>, ha trabajado como editor de la <em>Whole<br />
Earth Review</em> y como editor en jefe de <em>The Millenium Whole Earth Catalog</em>. </span></p>
<p><span>Gedisa ha publicado también sus libros <em>Realidad virtual</em> y <em>La comunidad virtual</em>.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><a title="INDICE" name="INDICE"></a></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><em><br />
Capítulos del libro:<br />
</em></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><em><br />
Prólogo a la edición castellana: Sobre las multitudes inteligentes de<br />
España tras el 11-M<br />
Introducción: Cómo reconocer el futuro cuando llega</em></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">1. La epifanía de Shibuya<br />
2. Tecnologías de la cooperación<br />
3. Naciones computacionales y enjambres de superordenadores<br />
4. La era de las cosas sensible<br />
5. La evolución de la reputación<br />
6. Retazos inalámbricos<br />
7. Las multitudes inteligentes: el poder de las multitudes móviles<br />
8. ¿Panóptico permanente o amplificador de la cooperación?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;">
<p class="poweredbyperformancing"><a href="http://performancing.com/firefox"></a></p>
<div id="adb-tooltip" style="z-index: 1000; position: absolute; display: none; left: 35px; top: 241px;">
<div style="border: 5px solid #c4dae8; margin: 0px; text-transform: uppercase; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: bold; font-size: 11px; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; line-height: 13px; background-color: white; color: #333333;">
<div style="border: 1px solid #78b3d9; padding: 5px; text-align: left;">
<div>Person<span style="color: #006699;"> Howard Rheingold</span></div>
<div style="text-transform: none; color: #999999; line-height: 14px;">Right click for SmartMenu shortcuts</div>
</div>
</div>
</div>
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		<title>(Hans Haacke) Museums: Managers of Consciousness</title>
		<link>http://hipercroquis.net/2006/10/17/hans-haacke-museums-managers-of-consciousness/</link>
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		<pubDate>Tue, 17 Oct 2006 06:35:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier milara</dc:creator>
				<category><![CDATA[antrópicas]]></category>
		<category><![CDATA[arquitectura]]></category>
		<category><![CDATA[arte]]></category>
		<category><![CDATA[contemporáneas]]></category>
		<category><![CDATA[readscapes]]></category>
		<category><![CDATA[sostenibilidad]]></category>

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		<description><![CDATA[By Hans Haacke. ( No citation, sorry, I lent my copy and it walked&#8230; ) [extraído de http://www.artcontext.org/] The art world as a whole, and museums in particular, belong to what has aptly been called the &#8220;consciousness industry.&#8221; More than twenty years ago, the German writer Hans Magnus Enzensberger gave us some insight into the [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>By Hans Haacke. ( No citation, sorry, I lent my copy and it walked&#8230; )</p>
<p>[extraído de <a href="http://www.artcontext.org/" target="_blank">http://www.artcontext.org/</a>]</p>
<p>The art world as a whole, and museums in particular, belong to what has aptly been called the &#8220;consciousness industry.&#8221; More than twenty years ago, the German writer Hans Magnus Enzensberger gave us some insight into the nature of this industry in an article which used that phrase as its title. Although he did not specifically elaborate on the art world, his article did refer to it in passing. It seems worthwhile here to extrapolate from and to expand upon Enzensberger&#8217;s thoughts for a discussion of the role museums and other art-exhibiting institutions play.<span id="more-62"></span></p>
<p>Like Enzensberger, I believe the use of the term &#8220;industry&#8221; for the entire range of activities of those who are employed or working on a freelance basis in the art field has a salutary effect. With one stroke that term cuts through the romantic clouds that envelop the often misleading and mythical notions widely held about the production, distribution, and consumption of art. Artists, as much as galleries, museums, and journalists (not excluding art historians), hesitate to discuss the industrial aspect of their activities. An unequivocal acknowledgment might endanger the cherished romantic ideas with which most art world participants enter the field, and which still sustain them emotionally today. Supplanting the traditional bohemian image of the art world with that of a business operation could also negatively affect the marketability of its products and interfere with fundraising efforts. Those who in fact plan and execute industrial strategies tend, whether by inclination or need, to mystify art and conceal its industrial aspects and often fall for their own propaganda. Given the prevalent marketability of myths, it may sound almost sacrilegious to insist on using the term &#8220;industry.&#8221;</p>
<p>On the other hand, a new breed has recently appeared on the industrial landscape: the arts managers. Trained by prestigious business schools, they are convinced that art can and should be managed like the production and marketing of other goods. They make no apologies and have few romantic hang-ups. They do not blush in assessing the receptivity and potential development of an audience for their product. As a natural part of their education, they are conversant with budgeting, investment, and price-setting strategies. They have studied organization goals, managerial structures, and the peculiar social and political environment of their organization. Even the intricacies of labor relation and the ways in which interpersonal issues might affect the organization are part of their curriculum.</p>
<p>Of course, all these and other skills have been employed for decades by art-world denizens of the old school. Instead of enrolling in arts administration courses taught according to the Harvard Business School&#8217;s case method, they have learned their skills on the job. Following their instincts, they have often been more successful managers than the new graduates promise to be, since the latter are mainly taught by professors with little or no direct knowledge of the peculiarities of the art world. Traditionally, however, the old-timers are shy in admitting to themselves and others the industrial character of their activities and most still do not view themselves as managers. It is to be expected that the lack of delusions and aspirations among the new art administrators will have a noticeable impact on the state of the industry. Being trained primarily as technocrats, they are less likely to have an emotional attachment to the peculiar nature of the product they are promoting. And this attitude, in turn, will have an effect on the type of products we will soon begin to see.</p>
<p>My insistence on the term &#8220;industry&#8221; is not motivated by sympathy for the new technocrats. As a matter of fact, I have serious reservations about their training, the mentality it fosters, and the consequences it will have. What the emergence of arts administration departments in business schools demonstrates, however, is the fact that in spite of the mystique surrounding the production and distribution of art, we are now-and indeed have been all along-dealing with social organizations that follow industrial modes of operation, ranging in size from the cottage industry to national and multinational conglomerates. Supervisory boards are becoming aware of this fact. Given current financial problems, they try to streamline their operation. Consequently, the present director of the Museum of Modern Art in New York has a management background, and the boards of trustees of other U.S. museums have or are planning to split the position of director into that of a business manager and an artistic director. The Metropolitan Museum in New York is one case where this split has already occurred. The debate often centers merely on which of the two executives should and will in fact have the last word.</p>
<p>Traditionally, the boards of trustees of U.S. museums are dominated by members who come from the world of business and high finance. The board is legally responsible for the institution and consequently the trustees are the ultimate authority. Thus the business mentality has always been conspicuously strong at the decision-making level of private museums in the United States. However, the state of affairs is not essentially different in public museums in other parts of the world. Whether the directors have an art-historical background or not, they perform, in fact, the tasks of the chief executive officer of a business organization. Like their peers in other industries, they prepare budgets and development plans and present them for approval to their respective public supervising bodies and funding agencies.</p>
<p>The staging of an international exhibition such as a Biennale or a Documenta presents a major managerial challenge with repercussions not only for what is being managed, but also for the future career of the executive in charge. Responding to a realistic appraisal of their lot, even artists are now acquiring managerial training in workshops funded by public agencies in the United States Such sessions are usually well attended, as artists recognize that the managerial skills for running a small business could have a bearing on their own survival. Some of the more successful artists employ their own business managers. As for art dealers, it goes without saying that they are engaged in running businesses. The success of their enterprises and the future of the artists in their stables obviously depend a great deal on their managerial skills. They are assisted by paid advisors, accountants, lawyers, and public relations agents. In turn, collectors often do their collecting with the assistance of a paid staff.</p>
<p>At least in passing, I should mention that numerous other industries depend on the economic vitality of the art branch of the consciousness industry. Arts administrators do not exaggerate when they defend their claims for public support by pointing to the number of jobs that are affected not only in their own institutions, but also in communications and, particularly, in the hotel and restaurant industries. The Tut show at the Metropolitan Museum is estimated to have generated $111 million for the economy of New York City. In New York and possibly elsewhere, real-estate speculators follow with great interest the move of artists into low-rent commercial and residential areas. From experience they know that artists unwittingly open these areas for gentrification and lucrative development. New York&#8217;s Soho district is a striking example. Mayor Koch, always a friend to the realtors who stuff his campaign chest, tried recently to plant artists into particular streets on the Lower East Side to accomplish what is euphemistically called the &#8220;rehabilitation&#8221; of a neighborhood, but what in fact means squeezing out an indigenous poor population in order to attract developers of high-rent housing. The Terminal Show was a brainchild of the city&#8217;s Public Development Corporation; it was meant to draw attention to the industrial potential of the former Brooklyn Army Terminal building. And the Museum of Modern Art, having erected a luxury apartment tower over its own building, is also now actively involved in real estate.</p>
<p>Elsewhere, city governments have recognized the importance of the art industry. The city of Hannover in West Germany, for example, sponsored several widely publicized art events in an attempt to improve its dull image. As large corporation point to the cultural life of their location in order to attract sophisticated personnel, so Hannover speculated that the outlay for art would be amortized many times by the attraction the city would gain for businesses seeking sites for relocation. It is well-documented that Documenta is held in an out-of-the-way place like Kassel and given economic support by the city, state, and federal government because it was assumed that Kassel would be put on the map by an international art exhibition. It was hoped that the event would revitalize the economically depressed region close to the German border and that it would prop up the local tourist industry. Another German example of the way in which direct industrial benefits flow from investment in art may be seen in the activities of the collector Peter Ludwig. It is widely believed that the motive behind his buying a large chunk of government-sanctioned Soviet art and displaying it in &#8220;his&#8221; museums was to open the Soviet market for his chocolate company. Ludwig may have risked his reputation as a connoisseur of art, but by buying into the Soviet consciousness industry he proved his taste for sweet deals. More recently, Ludwig recapitalized his company by selling a collection of medieval manuscripts to the J. Paul Getty Museum for and estimated price of $40 to $60 million. As a shrewd businessman, Ludwig used the money to establish a foundation that owns shares in his company. Thus the income form this capital remains untaxed and, in effect, the ordinary taxpayer winds up subsidizing Ludwig&#8217;s power ambitions in the art world.</p>
<p>Aside from the reasons already mention, the discomfort in applying industrial nomenclature to works of art may also have to do with the fact that these products are not entirely physical in nature. Although transmitted in one material form or another, they are developed in and by consciousness and have meaning only for another consciousness. In addition, it is possible to argue over the extent to which the physical object determines the manner in which the receiver decodes it. Such interpretive work is in turn a product of consciousness, performed gratis by each viewer but potentially salable if undertaken by curators, historians, critics, appraisers, teachers, etc. The hesitancy to use industrial concepts and language can probably also be attributed to our lingering idealist tradition, which associates such work with the &#8220;spirit,&#8221; a term with religious overtones and one that indicates the avoidance of mundane considerations.</p>
<p>The tax authorities, however, have no compunction in assessing the income derived from the &#8220;spiritual&#8221; activities. Conversely, the taxpayers so affect do not shy away from deducting relevant business expenses. They normally protest against tax rulings which declare their work to be nothing but a hobby, or to put it in Kantian terms, the pursuit of &#8220;disinterested pleasure.&#8221; Economists consider the consciousness industry as part of the ever-growing service sector and include it as a matter of course in the computation of the gross national product.</p>
<p>The product of the consciousness industry, however, is not only elusive because of its seemingly nonsecular nature and its aspects of intangibility. More disconcerting, perhaps, is the fact that we do not even totally command our individual consciousness. As Karl Marx observed in The German Ideology, consciousness is a social product. It is, in fact, not our private property, homegrown and home to retire to. It is the result of a collective historical endeavor, embedded in and reflecting particular value system, aspiration, and goals. And these do not by any means represent the interests of everybody. Nor are we dealing with a universally accepted body of knowledge or beliefs. Word has gotten around that material conditions and the ideological context in which an individual grows up and lives determines to a considerable extent his or her consciousness. As has been pointed out (and not only by Marxists social scientists and psychologists), consciousness is not a pure, independent, value-free entity, evolving according to internal, self-sufficient, and universal rules. It is contingent, a battleground of conflicting interests. Correspondingly, the products of consciousness represent interests and interpretation of the world that are potentially at odds with each other. The products of the means of production, like those means themselves, are not neutral. As they were shaped by their respective environments and social relation, so do they in turn influence our view of the human condition.</p>
<p>Currently we are witnessing a great <a href="http://www.artcontext.org/crit/scrapbook/Miller.PrivCngrss.html">retreat to the private cocoon</a>. We see a lot of noncommittal, sometimes cynical playing on naively perceived social forces, along with other forms of contemporary dandyism and updated versions of art for art&#8217;s sake. Some artists and promoters may reject any commitment and refuse to accept the notion that their work presents a point of view beyond itself or that it fosters certain attitudes; nevertheless, as soon as work enjoys larger exposure it inevitably participates in public discourse, advances particular systems of belief, and has reverberation in the social arena. At that point, art works are no longer a private affair. The producer and the distributor must then weigh the impact.</p>
<p>But it is important to recognize that the codes employed by artists are often not as clear and unambiguous as those in other fields of communication. Controlled ambiguity may, in fact, be one of the characteristics of much Western art since the Renaissance. It is not uncommon that messages are received in a garbled, distorted form; they may even relay the opposite of what was intended (not to mention the kinds of creative confusion and muddle-headedness that can accompany the art work&#8217;s production). To compound these problems, there are the historical contingencies of the codes and the unavoidable biases of those who decipher them. With so many variables, there is ample room for exegesis and a livelihood is thus guaranteed for many workers in the consciousness industry.</p>
<p>Although the product under discussion appears to be quite slippery, it is by no means inconsequential, as cultural functionaries from Moscow to Washington make clear every day. It is recognized in both capitals that not only the mass media deserve monitoring, but also those activities which are normally relegated to special sections at the back of newspapers. The New York Times calls it weekend section &#8220;Arts and Leisure&#8221; and covers under this heading theater, dance, film, art, numismatics, gardening, and other ostensibly harmless activities. Other papers carry these items under equally innocuous titles, such as &#8220;culture,&#8221; &#8220;entertainment,&#8221; or &#8220;lifestyle.&#8221; Why should governments, and for that matter corporations which are not themselves in the communications industry, pay attention to such seeming trivia? I think they do so for good reason. They have understood, sometimes better than the people who work in the leisure suits of culture, that the term &#8220;culture&#8221; camouflages the social and political consequences resulting from the industrial distribution of consciousness.</p>
<p>The channeling of consciousness is pervasive not only under dictatorships, but also in liberal societies. To make such an assertion may sound outrageous because according to popular myth, liberal regimes do not behave this way. Such an assertion could also be misunderstood as an attempt to downplay the brutality with which mainstream conduct is enforced in totalitarian regimes, or as a claim that coercion of the same viciousness is practiced elsewhere as well. In nondictatorial societies, the induction into and the maintenance of a particular way of thinking and seeing must be performed with subtlety in order to succeed. Staying within the acceptable range of divergent views must be perceived as the natural thing to do.</p>
<p>Within the art world, museums and other institutions that stage exhibitions play an important role in the inculcation of opinions and attitudes. Indeed, they usually present themselves as educational organizations and consider education as one of their primary responsibilities. Naturally, museums work in the vineyards of consciousness. To state that obvious fact, however, is not an accusation of devious conduct. An institution&#8217;s intellectual and moral position becomes tenuous only if it claims to be free of ideological bias. And such an institution should be challenged if it refuses to acknowledge that it operates under constraints deriving from its sources of funding and from the authority to which it reports.</p>
<p>It is perhaps not surprising that many museums indignantly reject the notion that they provide a biased view of the works in their custody. Indeed, museums usually claim to subscribe to the canons of impartial scholarship. As honorable as such and endeavor is-and it is still a valid goal to strive for-it suffers from idealist delusions about the nonpartisan character of consciousness. A theoretical prop for this worthy but untenable position is the nineteenth-century doctrine of art for art&#8217;s sake. That doctrine has an avant-garde historical veneer and in its time did perform a liberating role. Even today, in countries where artists are openly compelled to serve prescribed policies, it still has and emancipatory ring. The gospel of art for art&#8217;s sake isolates art and postulates its self-sufficiency, as if art had or followed rules which are impervious to the social environment. Adherents of the doctrine believe that art does not and should not reflect the squabbles of the day. Obviously they are mistaken in their assumption that products of consciousness can be created in isolation. Their stance and what is crafted under its auspices have not only theoretical but also definite social implications. American formalism updated the doctrine and associated it with the political concepts of the &#8220;free world&#8221; and individualism. Under Clement Greenberg&#8217;s tutelage, everything that made worldly references was simply excommunicated from art so as to shield the Grail of taste from contamination. What began as a liberating drive turned into its opposite. The doctrine now provides museums with an alibi for ignoring the ideological aspects of art works and the equally ideological implications of the way those works are presented to the public. Whether such neutralizing is performed with deliberation or merely out of habit or lack of resources is irrelevant: practiced over many years it constitutes a powerful form of indoctrination.</p>
<p>Every museum is perforce a political institution, no matter whether it is privately run or maintained and supervised by governmental agencies. Those who hold the purse strings and have the authority over hiring and firing are, in effect, in charge of every element of the organization, if they choose to use their powers. While the rule of the boards of trustees of museums in the United States is generally uncontested, the supervisory bodies of public institutions elsewhere have to contend much more with public opinion and the prevailing political climate. It follows that political considerations play a role in the appointment of museum directors. Once they are in office and have civil service status with tenure, such officials often enjoy more independence than their colleagues in the United States, who can be dismissed from one day to the next, as occurred with Bates Lowry and John Hightower at the Museum of Modern Art within a few years time. But it is advisable, of course, to be a political animal in both settings. Funding, as much as one&#8217;s prospect for promotion to more prestigious posts, depends on how well one can play the game.</p>
<p>Directors in private U.S. museums need to be attuned primarily to the frame of mind represented by the Wall Street Journal, the daily source of edification of the board members. They are affected less by who happens to be the occupant of the White House or the mayor&#8217;s office, although this is not totally irrelevant for the success of applications for public grants. In other countries the outcome of elections can have a direct bearing on museum policies. Agility in dealing with political parties, possibly even membership in a party, can be an asset. The arrival of Margaret Thatcher in Downing Street and of Francois Mitterand at the Elysee noticeably affect the art institutions in their respective countries. Whether in private or in public museums, disregard of political realities, among them the political needs of the supervising bodies and the ideological complexion of their members, is a guarantee of managerial failure.</p>
<p>It is usually required that, at least to the public, institutions appear nonpartisan. This does not exclude the sub rosa promotion of the interests of the ultimate boss. As in other walks of life, the consciousness industry also knows the hidden agenda which is more likely to succeed if it is not perceived as such. It would be wrong, however, to assume that the objective and the mentality of every art executive are or should be at odds with those on whose support his organization depends. There are natural and honorable allegiances as much as there are forced marriages and marriages of convenience. All players, though, usually see to it that the serene facade of the art temple is preserved.</p>
<p>During the past twenty years, the power relations between art institutions and their sources of funding have become more complex. Museums have to be maintained either by public agencies-the tradition in Europe-or through donations from private individuals and philanthropic organizations, as has been the pattern in the United States. When Congress established the National Endowment for the Arts in 1965, U.S. museums gained an additional source of funding. In accepting public grants, however, they became accountable-even if in practice only to a limited degree-to government agencies.</p>
<p>Some public museums in Europe went the road of mixed support, too, although in the opposite direction. Private donors came on board with attractive collections. As has been customary in U.S. museums, however, some of these donors demanded a part in policy making. One of the most spectacular recent examples has been the de facto takeover of museums (among others, museums in Cologne, Vienna, and Aachen) that received or believed they would receive gifts from the German collector Peter Ludwig. As is well known in the Rhineland, Count Panza di Biumo&#8217;s attempt to get his way in the new museum of Mönchengladbach, down the Rhine from Ludwig&#8217;s headquarters, was successfully rebuffed by the director, Johannes Cladders, who is both resolute and a good poker player in his own right. How far the Saatchis in London will get in dominating the Tate Gallery&#8217;s Patrons of New Art-and thereby the museum&#8217;s policies for contemporary art-is currently watched with the same fascination and nervousness as developments in the Kremlin. A recent, much-noticed instance of Saatchi influence was the Tate&#8217;s 1982 Schnabel show, which consisted almost entirely of works from the Saatchis&#8217; collection. In addition to his position on the steering committee of the Tate&#8217;s Patrons of New Art, Charles Saatchi is also a trustee of the Whitechapel Gallery. Furthermore, the Saatchis&#8217; advertising agency has just begun handling publicity for the Victoria and Albert, the Royal Academy, the National Portrait Gallery, the Serpentine Gallery, and the British Crafts Council. Certainly the election victory of Mrs. Thatcher, in which the Saatchis played a part as the advertising agency of the Conservative Party, did not weaken their position (and may in turn have provided the Conservatives with a powerful agent within the hallowed halls of the Tate).</p>
<p>If such collectors seem to be acting primarily in their own self-interest and to be building pyramids to themselves when they attempt to impose their will on &#8220;chosen&#8221; institutions, their moves are in fact less troublesome in the long run than the disconcerting arrival on the scene of corporate funding for the arts-even though the latter at first appears to be more innocuous. Starting on a large scale towards the end of the 1960s in the United States and expanding rapidly ever since, corporate funding has spread during the last five years to Britain and the Continent. Ambitious exhibition programs that could not be financed through traditional sources led museums to turn to corporations for support. The larger, more lavishly appointed these shows and their catalogues became, however, the more glamour the audiences began to expect. In an ever-advancing spiral the public was made to believe that only Hollywood-style extravaganzas were worth seeing and that only they could give an accurate sense of the world of art. The resulting box-office pressure made the museums still more dependent on corporate funding. Then came the recessions of the 1970s and 1980s. Many individual donors could no longer contribute at the accustomed rate, and inflation eroded the purchasing power of funds. To compound the financial problems, many governments, facing huge deficits-often due to sizable expansion of military budgets-cut their support for social services as well as their arts funding. Again museums felt they had no choice but to turn to corporations for a bail-out. Following their own ideological inclinations and making them national policy, President Reagan and Mrs. Thatcher encouraged the so-called private sector to pick up the slack in financial support.</p>
<p>Why have business executives been receptive to the museums&#8217; pleas for money? During the restive Sixties the more astute ones began to understand that corporate involvement in the arts is too important to be left to the chairman&#8217;s wife. Irrespective of their own love for or indifference towards art, they recognized that a company&#8217;s association with art could yield benefits far out of proportion to a specific financial investment. Not only could such a policy attract sophisticated personnel, but it also projected an image of the company as a good corporate citizen and advertised its products-all things which impress investors. Executives with a longer vision also saw that the association of their company (and, by implication, of business in general) with the high prestige of art was a subtle but effective means for lobbying in the corridors of government. It could open doors, facilitate passage of favorable legislation, and serve as a shield against scrutiny and criticism of corporate conduct.</p>
<p>Museums, of course, are not blind to the attraction for business of lobbying through art. For example, in a pamphlet with the telling title &#8220;The Business Behind Art Knows the Art of Good Business,&#8221; the Metropolitan Museum in New York woos prospective corporate sponsors by assuring them: &#8220;Many public relations opportunities are available through the sponsorship of programs, special exhibitions and services. These can often provide a creative and cost-effective answer to a specific marketing objective, particularly where international, governmental or consumer relations may be a fundamental concern.&#8221;</p>
<p>A public relations executive of Mobil in New York aptly called the company&#8217;s art support a &#8220;good will umbrella,&#8221; and his colleague from Exxon referred to it as a &#8220;social lubricant.&#8221; It is liberals in particular who need to be greased, because they are the most likely and sophisticated critics of corporations and they are often in positions of influence. They also happen to be more interested in culture than other groups on the political spectrum. Luke Rittner, who as outgoing director of the British Association of Business Sponsorship of the Arts should know, recently explained: &#8220;A few years ago companies thought sponsoring the arts was charitable. Now they realize there is also another aspect; it is a tool they can use for corporate promotion in one form or anther.&#8221; Rittner, obviously in tune with his prime minister, has been appointed the new secretary general on the British Arts Council. Corporate public relations officers know that the greatest publicity benefits can be derived from high-visibility events, shows that draw crowds and are covered extensively by the popular media; these are shows that are based on and create myths-in short, blockbusters. As long as an institution is not squeamish about company involvement in press releases, posters, advertisements, and its exhibition catalogue, its grant proposal for such an extravaganza is likely to be examined with sympathy. Some companies are happy to underwrite publicity for the event (which usually includes the company logo), at a rate almost matching the funds they make available for the exhibition itself. Generally, such companies look for events that are &#8220;exciting,&#8221; a word that pops up in museum press releases and catalogue prefaces more often than any other.</p>
<p>Museum managers have learned, of course, what kind of shows are likely to attract corporate funding. And they also know that they have to keep their institution in the limelight. Most shows in large New York museums are now sponsored by corporations. Institutions in London will soon be catching up with them. The Whitney Museum has even gone one step further. It has established branches-almost literally a merger-on the premises of two companies. It is fair to assume that exhibition proposals that do not fulfill the necessary criteria for corporate sponsorship risk not being considered, and we never hear about them. Certainly, shows that could promote critical awareness, present products of consciousness dialectically and in relation to the social world, or question relations of power have a slim chance of being approved-not only because they are unlikely to attract corporate funding, but also because they could sour relations with potential sponsors for other shows. Consequently, self-censorship is having a boom. Without exerting any direct pressure, corporations have effectively gained a veto in museums, even though their financial contribution often covers only a fraction of the costs of an exhibition. Depending on circumstances, these contributions are tax-deductible as a business expense or a charitable contribution. Ordinary taxpayers are thus footing part of the bill. In effect, they are unwitting sponsors of private corporate policies, which in many cases, are detrimental to their health and safety, the general welfare, and in conflict with their personal ethics.</p>
<p>Since the corporate blanket is so warm, glaring examples of direct interference rare, and the increasing dominance of the museums&#8217; development offices hard to trace, the change of climate is hardly perceived, nor is it taken as a threat. To say that this change might have consequences beyond the confines of the institution and that it affects the type of art that is and will be produced therefore can sound like over-dramatization. Through naiveté, need, or addiction to corporate financing, museums are now on the slippery road to becoming public relations agents for the interests of big business and its ideological allies. The adjustments that museums make in the selection and promotion of works for exhibition and in the way they present them create a climate that supports prevailing distribution of power and capital and persuades the populace that the status quo is the natural and best order of things. Rather than sponsoring intelligent, critical awareness, museums thus tend to foster appeasement.</p>
<p>Those engaged in collaboration with the public relations officers of companies rarely see themselves as promoters of acquiescence. On the contrary, they are usually convinced that their activities are in the best interests of art. Such a well-intentioned delusion can survive only as long as art is perceived as a mythical entity above mundane interests and ideological conflict. And it is, of course, this misunderstanding of the role that products of the consciousness industry play which constitutes the indispensable base for all corporate strategies of persuasion.</p>
<p>Whether museums contend with governments, power-trips of individuals, or the corporate steamroller, they are in the business of molding and channeling consciousness. Even though they may not agree with the system of beliefs dominant at the time, their options not to subscribe to them and instead to promote an alternative consciousness are limited. The survival of the institution and personal careers are often at stake. But in non-dictatorial societies, the means of the production of consciousness are not all in one hand. The sophistication required to promote a particular interpretation of the work is potentially also available to question that interpretation and to offer other versions. As the need to spend enormous sums for public relations and government propaganda indicates, things are not frozen. Political constellations shift and unincorporated zones exist in sufficient numbers to disturb the mainstream.</p>
<p>It was never easy for museums to preserve or regain a degree of maneuverability and intellectual integrity . It takes stealth, intelligence, determination-and some luck. But a democratic society demands nothing less than that.</p>
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		<title>MvRdV: la forma sigue a la acción (la arquitectura es un interfaz)</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Oct 2006 05:50:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier milara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[[extraído de la presentación del libro MvRdV en VPRO, ed. Actar, 1.999 ] interfaces La arquitectura es un interfaz. No sólo ahora, lo ha sido siempre. La historia de la arquitectura es la historia del desarrollo de ese interfaz entre la realidad, los arquitectos, y los usuarios de las arquitecturas. Hasta ahora, el arquitecto es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>[extraído de la presentación del libro <a href="http://www.artbook.com/8489698600.html" target="_blank">MvRdV en VPRO</a>, ed. Actar, 1.999 ]</p>
<p><em>interfaces </em></p>
<p>La arquitectura es un interfaz. No sólo ahora, lo ha sido siempre. La historia de la arquitectura es la historia del desarrollo de ese interfaz entre la realidad, los arquitectos, y los usuarios de las arquitecturas. Hasta ahora, el arquitecto es la única fuente de producción de la forma. Su labor es escasamente interactiva con otras partes, o con la misma realidad. La información de la arquitectura sólo se mueve en un único sentido.<span id="more-60"></span></p>
<p>(&#8230;)</p>
<p><em>Haacke</em></p>
<p class="MsoNormal">En cierta manera, la arquitectura no es un arte.  Es precisamente un anti-arte. El artista toma los fenómenos de la realidad y los saca de contexto a través de su obra. Su producción es la descontextualización del objeto artístico, su &#8220;retirada de la circulación&#8221; de la realidad.</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal"><em>MvRdV</em></p>
<p class="MsoNormal">En cambio, el arquitecto hace exactamente lo contrario. Toma el argumento de la no-realidad (es decir, de sus ideas) y lo incorpora al contexto de la realidad a través de la obra arquitectónica Su obra es la contextualización, la &#8220;puesta en circulación&#8221; en la realidad, de un sistema arquitectónico.</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal"><em>interacción</em></p>
<p class="MsoNormal">La era de la información es a su vez la era de la interacción. Si la información puede &#8220;tomar&#8221; forma, es posible entender que el interfaz arquitectura puede ser cada vez más abierto, más interactivo. La información arquitectónica dno fluye ya sólo en un único sentido.  Ya no es más un sistema cerrado definido por la decisión del autor, centrado en el objeto, sino un sistema abierto alrededor de un proceso, indefinido e incompleto. Con ello, la producción de arquitectura no pasa a un estado diferente, sino que cambia integralmente de naturaleza.</p>
<p class="MsoNormal"><em>MvRdV en VPRO</em></p>
<p class="MsoNormal">Así, en la escala física de la arquitectura -en la cual aún se puede considerar válido que la energía ni se crea ni se destruye- puede concluirse que, igual que la energía, la información tan sólo se transforma. De la realidad a la construcción. Y de la construcción en adelante&#8230;</p>
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		<title>Linares/Milara: pronunciar palabras</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Oct 2006 00:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aling</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(&#8230;) &#8220;La ciencia nos deja ver poco a poco como su evolución es una continua conversión de lo que se creían constantes en variables&#8221;, Virilio dixit, y aquí y ahora no tenemos mas remedio que dar por concluidas ciertas premisas que otros nos presentan todavía como constantes. La cota cero de los edificios ha desaparecido, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal">(&#8230;)<strong> &#8220;La  ciencia nos deja ver poco a poco como su evolución  es una continua conversión de lo que  se creían constantes en variables&#8221;</strong>, <em>Virilio dixit</em>, y aquí y ahora no tenemos mas remedio  que dar por concluidas ciertas premisas que otros  nos presentan todavía como constantes. <strong>La cota cero de los edificios ha desaparecido,  ocupar un solar ya no significa sustituir vacíos por llenos,  los alzados ya no se componen porque no existen,  las secciones ya no son cortes sino estados de ánimo  de quienes habitan los espacios.</strong> <strong>Nuestro entorno, pues, es más un territorio  abierto a la indisciplina que un terreno  en el que ejercitar una labor </strong><strong>disciplinar</strong>. <span id="more-54"></span>Y todo  esto nos parece tan obvio que no habría  que explicar mucho mas. <strong>Nos nemos referido en otras líneas a nuevos escenarios, nuevas lógicas, nuevas acciones. Más que  nuevas, habría que recordar que son acuciantemente nuestras, que no  podemos permitirnos el lujo de no ponderarlas  antes de que nos superen y que,  por lo tanto, no podemos seguir escuchando argumentos de quienes consideran tales parámetros como contingentes. Por eso  no esta mal pronunciar palabras o establecer términos. Términos que deberán ser, ante todo, legibles, contundentes e inequívocos, que en  su conjunto planteen el panel de juego, abierto, sensible, cambiante, real e indiscutible. </strong>Y resulta  que quien pronuncia una palabra y la explica establece un enlace  con quien la oye o la comprende,  y resulta que esa palabra parece haber estado siempre ahí, cargada con todo lo que se le puede adosar, todo lo que nos hace repensar el presente, un presente de cristal que, cada vez mas, nos anticipa lo que tiene detrás.</p>
<p class="MsoNormal">[extracto de la intervención de Fernando Porras en la Introducción del <a href="http://www.actar.es/index.php?option=com_dbquery&amp;Itemid=134&amp;task=ExecuteQuery&amp;qid=10&amp;idllengua=2&amp;idllibre=807" target="_blank"><em>diccionario metápolis de arquitectura avanzada</em></a>]</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal"><img src="http://static.flickr.com/108/271835640_2fe1b2c363_o.jpg" alt="" width="486" height="309" align="texttop" /></p>
<p class="MsoNormal">Nota: Curiosamente habíamos emprendido la tarea de definir <a href="http://hipercroquis.wordpress.com/glosario-v20/">nuestro glosario</a> antes de leer este texto, que nos ha sorprendido mucho, ya que de la elaboración de este post extraemos la esencia de nuestra herramienta. Con él confiamos nuestra suerte a un proceso para nosotros, arquitectos, lejano y etéreo como es hablar, pronunciar palabras. En nuestro debate surgió temprano la duda de si era más idóneo pronunciar o construir nuestras palabras, ya que tanto el sutil susurro que se pierde en el viento y se mezcla con los sonidos del mundo, como la terrenal, pesada y contundente acción de edificar surtían de matices e intenciones el título del que tratamos. Tras un intenso debate, nos desprendemos de nuestra orden de mando y de la rigidez de lo terreno para sumergirnos en el mundo de las palabras, ajeno e inhóspito para quien está acostumbrado a operar con moles de acero y hormigón, y nunca se ha parado a pensar si sus constantes inamovibles en realidad sólo son simples variables.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">
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