post Category: premios post Comments (0) postNovember 6, 2010

En una instalación presentada semanas atrás en el festival barcelonés Eme3, se preguntaba a los visitantes: ¿Qué arquitecto quiere ser usted? Y se proponían tres alternativas: Le Corbusier, Rem Koolhaas o… Bjarke Ingels. Bastaba con calzarse la máscara de uno de los tres –”clásico” el primero; “visionario” el segundo, y “joven, fresco, a la moda y con humor” el tercero– para convertirse en uno de los grandes de la arquitectura. Ingels, danés de 38 años, autor con su equipo BIG del excelente pabellón de su país en la Expo de Shanghai, profesor en Columbia y estrella ascendente de la escena arquitectónica internacional, ha estado esta semana en Barcelona, dando charlas en el World Architecture Festival y el Institut d’Arquitectura Avançada de Catalunya. Hoy recibe en Madrid el European Prize for Architecture, en su calidad de principal arquitecto emergente.

¿Por qué eligió Barcelona para estudiar un año de su carrera de arquitectura?

Yo me había alimentado mucho con la revista española El Croquis. Y quería tener a Enric Miralles como profesor.
¿Qué aprendió aquí?

La enseñanza en Dinamarca era muy liberal, hacías lo que querías. Aquí era más exigente. Y más rica y fructífera en materias técnicas e intelectuales.
¿Cuál es la principal idea que ahora inculca a sus alumnos?

En uno de mis cursos en Columbia intenté inculcar la necesidad de hallar criterios globales de sostenibilidad. Sinteticé la idea en la palabra ecolomy, un cruce de ecología y economía.

¿Cómo se siente en el rol de “arquitecto joven, fresco, a la moda y con humor”, y junto a Le Corbusier y Koolhaas?

Me siento muy honrado en esa compañía. Pero no quisiera quedarme en tales calificativos. Lo que hacemos va más allá.


¿Por qué tildan su arquitectura de humorística?

Quizás porque sonrío a menudo.
¿Qué significa hoy, en su opinión, ser un buen arquitecto?

Al igual que otro artista, un arquitecto es alguien que mediante su trabajo logra expandir nuestra percepción del mundo. Hay elementos inmateriales, como la economía o la política o lo social, que intervienen en la arquitectura y hablan a través de ella. Esa es también su función. El arquitecto se ocupa de renovar la superficie del mundo, es un médium para lograr una sociedad mejor.

Quizás no haya ahora en el mundo un arquitecto de su edad tan popular y comunicativo como usted. ¿Por qué?

Un escultor trabaja con martillo y cincel. Un arquitecto dirige a su equipo y debe saber trasladar sus ideas a colaboradores, clientes y vecinos si quiere lograr algo. La habilidad comunicativa es el martillo y el cincel del arquitecto.
Según muchos arquitectos barceloneses de su edad, la hora de la arquitectura icónica pasó. Hoy se preocupan por controlar los materiales, las técnicas constructivas y el gasto.

Estoy de acuerdo con eso. Si no es fiable, el arquitecto está abocado al error y el caos, por muy artista que sea. Ahora bien, tampoco creo que eso deba estar reñido con lo icónico. Uno de los trabajos que nos han dado proyección son las viviendas sociales Mountain, en Copenhague. Este tipo de obras me interesan. Pero también me interesa la arquitectura como alquimia. Y no para lograr oro, sino para combinar objetivos. El Mountain es vivienda social con una forma importante.

¿Hay algo que no le guste de la arquitectura icónica?

Por ejemplo, pienso que el Guggenheim de Bilbao tuvo efectos positivos. Pero también que dio la sensación de que a veces bastaba con disponer de mucho dinero para gastarlo en un edificio y, así, poner a una ciudad en el mapa. Ahora, con la crisis, el papel del arquitecto no debe limitarse a proporcionar formas. El arquitecto debe ser alguien que cree sinergias y que diseñe edificios distintos, no por su forma, sino por cómo resuelven los problemas.
Explique su lema “Yes is more” (sí es más). ¿Se trata de un truco para ponerse en la estela de Mies y su “Less is more” (menos es más) y Venturi y su “Less is a bore” (menos es un aburrimiento)? ¿O es algo más?

El libro que hemos publicado con ese título no pretende mostrar resultados finales de nuestra labor, sino los conflictos y las incidencias que generan. “Yes is more” refleja esa idea. Ahora preparo un manifiesto en pro de un nuevo ismo: el inclusivismo. Ha existido una idea tradicional de la vanguardia como agente del cambio o la revolución social. A veces en esa carrera hay muchos más componentes y obstáculos, y para salvarlos acabamos en un mínimo denominador común. Eso no me interesa. Prefiero poner esos componentes y obstáculos juntos, sobre una línea de fuerza que vaya más allá de lo fácil y lo aburrido. En la complejidad hay mucho futuro.

[Fotos de Arch Daily; Entrevista de Llàtzer Moix, publicada en La Vanguardia 05/11/2010]