“La ciudad ya no existe, salvo como espejismo cultural para turistas”

Marshall McLuhan, 1967

William J Mitchell es profesor de arquitectura, media arts & sciences en el MIT, donde además dirije el grupo de investigación Media Lab’s Smart Cities. Este año ha sido investido Doctor Honoris Causa por la UPC. Lo que sigue es el prólogo de su libro ‘e-topía‘ (MIT Press, 1999).

Lo sé, lo sé: es una metáfora familiar -la muerte de Dios, la muerte del sujeto, la muerte del autor, la muerte del drive-in, el fin de la historia, el agotamiento de la ciencia, y tantos otros-. Pero resultó estar en lo cierto, aunque varias décadas por delante de su debido momento, como siempre.
Ahora ya es evidente. La ciudad, tal como la entendieron los teóricos urbanos desde Platón y Aristóteles hasta Lewis Mumford y Jane Jacobs, ya no es capaz de mantener su cohesión ni de cumplir su función como ocurría anteriormente. Es a causa de los bits; ellos la han matado. El modelo urbano tradicional no puede coexistir con el ciberespacio.
No obstante, ¡viva la nueva metrópolis unida por la red de la era electrónica digital!

Primera lamentación

Ingresó cadáver en el año 2000. ¿Qué le ocurrió a la ciudad que conocemos actualmente?
Les voy a contar la historia.
Hace mucho tiempo, había un pueblo en el desierto que tenía un pozo en el centro. Las casas se agrupaban dentro de la distancia a la que podía transportarse cómodamente un ánfora de agua. Por la tarde, cuando refrescaba, los habitantes se acercaban al pozo para recoger el suministro de agua para el día siguiente y se quedaban un rato para intercambiar noticias y realizar negocios entre ellos. El pozo suministraba un recurso escaso y necesario, convirtiéndose al mismo tiempo en el centro social, el lugar de reunión que mantenía unida a la comunidad.
Un día llegó el suministro de agua por tuberías. ¿Quién podría negar las ventajas prácticas? Era más cómodo y los niños ya no contraían el cólera. La población creció y el pueblo se expandió hasta convertirse en una gran ciudad, ya que podía llevarse agua a las casas allí donde pudieran llegar las tuberías.
Las viviendas ya no tenían que concentrarse en el antiguo centro y los habitantes dejaron de reunirse en el pozo, ya que podían tener agua en cualquier momento y lugar. Así, el espacio alrededor del pozo perdió su antigua función comunal y la gente inventó sitios nuevos para relacionarse socialmente, más modernos y especializados -una plaza, un mercado o un café.
La historia se repite, esta vez porque el sistema de suministro de información ha cambiado. Antes, teníamos que ir a lugares para hacer cosas; íbamos a trabajar, a casa, al teatro, a conferencias, al bar de la esquina o salíamos por ahí, sin más. Ahora tenemos tuberías para bits, redes digitales de gran capacidad para transportar información cuando y donde queramos. Esto nos permite hacer muchas cosas sin tener que ir a ninguna parte; por tanto, los antiguos lugares de reunión ya no nos atraen; las organizaciones se fragmentan y dispersan; los centros urbanos no se mantienen; da la impresión de que la vida pública va desapareciendo.
Tomemos algo tan simple pero tan elocuente como un día en las carreras. Antes de las telecomunicaciones suponía acercarse hasta el hipódromo, mezclarse en las tribunas con los demás espectadores, hacer las apuestas en el mostrador con los corredores, seguir a los caballos con nuestros propios ojos y liquidar las ganancias cara a cara. Más tarde, cuando llegaron la radio y el teléfono, las carreras se empezaron a retransmitir, florecieron las apuestas fuera de la pista, legales o ilegales, y los días de carreras se podían seguir desde distintos sitios, como bares y garitos de apuestas. Actualmente, el siempre emprendedor Jockey Club de Hong Kong ha reconfigurado el sistema una vez más introduciendo dispositivos electrónicos manuales, conectados en red, que permiten hacer las apuestas desde cualquier parte de la ciudad y en cualquier momento del día. Sólo es necesaria una conexión de teléfono o un enlace inalámbrico para acceder al sistema, y éste liquida las cuentas automáticamente. Es extraordinariamente eficiente, pero elimina también las oportunidades que ofrecía el hipódromo para establecer contactos, relacionarse, crear confianza y hacer tratos.
Una vez más, necesitamos innovar, reinventar los espacios públicos, los pueblos y las ciudades para el siglo xxi.

Segunda lamentación

Y eso no es todo. La comunicación digital recrea también el ritmo tradicional de la vida cotidiana.
Hace no mucho tiempo, una familia del norte vivía en una estupenda casa de madera. Tenía una chimenea en el centro y, para mantener el calor, los muros formaban un sencillo recinto alrededor. Los miembros de la familia se reunían en invierno alrededor de la chimenea, que era la única fuente de luz y calor. Allí estudiaban los niños, los padres intercambiaban las noticias del día y la abuela trabajaba en sus bordados. El hogar mantenía unida a la familia.
Un día se instalaron conductos para el transporte de energía: la red eléctrica y la calefacción central. Los miembros de la familia podían tener en cualquier sitio calor y luz para leer. El fuego ya no se encendía, salvo como una especie de entretenimiento nostálgico en ocasiones festivas. Los niños se retiraron a sus habitaciones para hacer los deberes y escuchar sus equipos de música. Los padres empezaron a trabajar en distintos turnos y se dejaban mutuamente notas malhumoradas en la puerta del frigorífico. La abuela se volvió aburrida y maniática y se trasladó pronto a una residencia de ancianos con aire acondicionado cerca de Phoenix, donde podía jugar al bingo con compañeras de su edad, marginadas de la misma manera. El círculo de la hoguera ya no servía como unificador social.
La informatización está siguiendo estrechamente los pasos de la electrificación, con consecuencias sociales igualmente profundas. A medida que los ingenieros van asumiendo la tecnología y los agentes del capital riesgo mantienen en marcha las salidas a Bolsa, diminutos dispositivos de telecomunicaciones y de procesado de información se están convirtiendo en algo tan popular como las bombillas o los motores eléctricos. Desde un teléfono móvil digital se puede hablar con cualquiera, en cualquier parte del mundo y en cualquier momento. Se pueden recibir noticias digitalmente vía satélite en la televisión de la habitación del hotel, durante las veinticuatro horas del día. Se puede recoger el correo electrónico cuando se quiera y desde cualquier conexión telefónica. Se puede conseguir dinero en efectivo en cualquier cajero automático, a cualquier hora. Los electrodomésticos incluyen microprocesadores y progresivamente requerirán conexiones a la red, tanto como a la instalación eléctrica o a la de agua corriente. El coche está repleto de la electrónica más sofisticada y el individuo que lo repara necesita tanto un ordenador como una llave inglesa. La primitiva era industrial de mecanismos pasivos se ha terminado; ahora los objetos piensan y se conectan incansablemente, veinticuatro horas al día, siete días a la semana.
Hoy en día, las omnipresentes redes de telecomunicaciones, las máquinas y los edificios inteligentes se integran con el suministro de agua y la recogida de basuras, con la distribución de energía y los sistemas de transporte, para crear un mundo interconectado globalmente en todo momento y lugar. El viejo tejido social, ligado mediante una obligatoria convivencia de lugar y de tiempo, ya no es coherente.
¿Qué lo reemplazará?

Tercera lamentación

Un día Buda estaba sentado bajo una higuera. Sus discípulos se reunieron a la sombra para escuchar su voz. Para aprender debían acercarse lo suficiente para oír. Y en aquel lugar formaron su comunidad de creyentes.
No existía otra forma de hacerlo.
Más tarde sus palabras fueron recogidas por escrito. Primero, los libros sagrados, laboriosamente escritos a mano, se guardaron en bibliotecas monacales, donde los seguidores podían acudir a leer. Mucho tiempo después de la muerte de Buda los fieles podían viajar hasta aquellas comunidades creadas alrededor de los libros, tal y como sus predecesores se habían acercado una vez hasta la higuera. Después, los libros se imprimieron y la palabra pudo ser difundida por todo el mundo para quien la buscara. Ocurrió lo mismo con las demás religiones. Aunque viajar hasta los lugares sagrados sobrevivió como ejercicio espiritual, y los lugares como Santiago de Compostela y La Meca conservaron su magnetismo, el peregrinaje perdió su función más directa y práctica.
A medida que los libros impresos proliferaban y la alfabetización se difundía, surgieron por todas partes elaborados sistemas de almacenaje y distribución de textos, tanto sagrados como seculares. Dichos sistemas tomaron múltiples formas y escalas: había bibliotecas nacionales, monacales, universitarias, de suscripción, bibliotecas municipales gratuitas, bibliotecas con sucursales suburbanas, bibliotecas Carnegie, salas de lectura de la Ciencia Cristiana, estudios forrados de libros, clubs del libro y bibliotecas móviles. La calle principal tenía sus librerías y sus kioscos de prensa. Las salas de espera tenían sus montones de revistas con las esquinas dobladas. Los negocios dependían de pedidos, libros de contabilidad y facturas. Las oficinas estaban desbordadas de archivadores, los portafolios reventaban de papeles e incluso los bolsillos contenían notas, tarjetas, fotografías y billetes. Toda esta “tinta sobre celulosa” se trasladaba de sitio mediante sistemas de correo. La información se movilizó y el acceso a ella fue descentralizado.
Hoy en día, los textos y las imágenes fluyen libres, incluso del papel, y son bombeados a velocidad asombrosa a través de las redes informáticas. Tenemos bases de datos en línea, sitios web, FAQs (listas de preguntas más frecuentes) y sistemas de búsqueda. El correo electrónico está sustituyendo rápidamente al correo “tortuga”. En nuestra era tecnológica, los buscadores de cultura ya no tienen que embarcarse en pesados viajes hacia lejanas fuentes de información, ni siquiera tienen que ir a su biblioteca local. Librerías, kioscos de prensa, estanterías de revistas, teatros, templos e iglesias (incluso higueras) tienen su equivalente virtual. Los estudiantes navegan por enciclopedias electrónicas, los profesores publican sus clases en la red. Los minoristas ponen catálogos y órdenes de compra en línea. Los mercados de valores pasan las cotizaciones electrónicamente a las pantallas de los operadores.
El trabajo mental ya no necesita esfuerzo físico. El comercio no se ve impedido por la distancia. La comunidad no tiene que depender de los lazos de parentesco. Los contactos entre las personas se producen de formas inimaginables hasta ahora.
Es posible que este nuevo ligamento social pueda convertirse en una ventaja. Quizá las viviendas y los lugares de trabajo, los sistemas de transporte y la naciente infraestructura de las telecomunicaciones digitales se pueden volver a conectar y reorganizar para crear relaciones, procesos y modelos urbanos renovadores que posean las cualidades sociales y culturales que deseamos para el siglo xxi. Quizás exista otro camino, un camino atractivo, sostenible y liberador.
¡Dos brindis de prueba por la aldea global!

Mondo Post-2000

¿Cómo acabará todo esto? ¿Y qué debemos hacer?
Los edificios, barrios, pueblos y ciudades que surgen de la revolución digital que se está desarrollando conservarán mucho de lo que nos es familiar actualmente. Pero, superpuesta a los residuos y a los remanentes del pasado, como las más recientes estructuras neuronales sobre nuestro viejo cerebro de lagarto, existirá una estructura global de conexiones de telecomunicaciones de alta velocidad, lugares inteligentes y aplicaciones informáticas cada vez más indispensables.
Esta última capa cambiará las funciones y valores de los elementos urbanos existentes y reconstruirá radicalmente sus relaciones. El nuevo tejido urbano resultante se caracterizará por hogares para vivir y para trabajar, comunidades activas las veinticuatro horas, configuraciones remotas, suavemente entretejidas, de lugares de reunión soportados electrónicamente, sistemas de producción, comercialización y distribución descentralizados y flexibles, y servicios solicitados y entregados electrónicamente. Todo ello redefinirá la tarea intelectual y profesional de los arquitectos, los urbanistas y el resto de profesionales que se ocupan de los espacios y lugares en los que transcurre nuestra vida diaria.
Haciendo la tarea
Esta nueva agenda se separa de forma natural en varios niveles distintos, que dan lugar a los temas de los capítulos sucesivos. Debemos establecer la necesaria infraestructura de las telecomunicaciones digitales, crear lugares inteligentes innovadores a partir del equipamiento electrónico, además de los elementos de arquitectura tradicionales, y desarrollar los programas que activen dichos lugares y los hagan útiles. Finalmente, debemos imaginar configuraciones espaciales regionales, urbanas, vecinales y arquitectónicas que sean sostenibles y que tengan sentido económica, social y culturalmente en un mundo interconectado electrónicamente que ha encogido, un mundo en el que la distancia ha perdido algunos de sus antiguos inconvenientes, pero también mucha de su capacidad para mantener las amenazas y los desafíos cómodamente alejados.
Para continuar con esta agenda de forma efectiva debemos ampliar las definiciones de arquitectura y de urbanismo para incluir los lugares virtuales además de los físicos los programas además del equipamiento, la interconexión mediante enlaces de telecomunicaciones además de la debida a la proximidad y a los sistemas de transporte. Y tenemos que reconocer que la malla fundamental de las relaciones entre hogar, lugar de trabajo y fuentes de servicios y suministros diarios, los vínculos esenciales que mantienen unidas las ciudades, puede venir conformada ahora por sistemas nuevos y poco ortodoxos.
Creo que es el momento de reinventar el diseño y el desarrollo de las ciudades y de redefinir el papel de la arquitectura. El beneficio es alto y también el riesgo. Pero no tenemos elección: si somos realistas, no podemos desentendernos. Debemos aprender a construir e-topías, ciudades servidas electrónicamente y conectadas globalmente para el amanecer del milenio.

[Slashdot] [Digg] [Reddit] [del.icio.us] [Facebook] [Technorati] [Google] [StumbleUpon]

Sorry, no comments yet.

Write Your Comment

Comment Guidelines: Basic XHTML is allowed (a href, strong, em, code). All line breaks and paragraphs will be generated automatically.

You should have a name, right? 
Your email address, I promised I won't tell it to anyone. 
If you have a web site or blog, you can type the URL right here. 
This is where you type your comments. 
Remember my information for the next time I visit.