post Category: contemporáneas,críticas post Comments (0) postOctober 24, 2006

Entrevista con Paul Virilio, por Rachid Sabbaghi y Nadia Tazi

 

– Pregunta: Internet es el fruto de un matrimonio contra natura
entre los militares y la comunidad científica. ¿Subsiste
algo del pensamiento militar en la red, o es uno de esos casos
ejemplares de recuperación y subversión de este pensamiento
por parte de la universidad y de la sociedad civil?

Paul Virilio: Internet, o más bien ARPANet, como se decía entonces, es una consecuencia
de la disuasión nuclear que ha gobernado el mundo durante cuarenta
años y que ha militarizado la ciencia. Debía resistir, en caso
de guerra nuclear, los efectos electromagnéticos capaces de
destruir las comunicaciones. Y, en efecto, los universitarios
contratados por el Pentágono lo han copado y progresivamente
se ha difundido y banalizado. Lo que se ha heredado de este
pensamiento de la guerra que envuelve al mundo es que se nos
habla de inteligencia colectiva y de un cerebro mundial en el
que no habría más que neuronas conectadas unas con otras, se
ve cómo se perfila este riesgo totalitario Por el momento, aún
es nuevo y libre, y no es caro. Tras las autopistas de la información
se encuentra lo contrario de la anarquía. Quiero recordar que
las autopistas nacieron durante el fascismo, las autostrade
y las reichautoban… Internet prefigura las grandes
autopistas de la información que se desarrollarán a lo largo
del siglo XXI

, y que representarán, para las potencias, el envite
(militar, económico, político y cognitivo) más importante. La
comunicación, ya lo decía Esopo, es la mejor y la peor de las
cosas. El carácter totalitario o más bien “globalitario”
de Internet.

– La idea de la mundialización, que tan de moda está
hoy en día, es tan vertiginosa como un “mal infinito”:
en ella, lo extensivo se cruza con lo intensivo sin que se sepa
que hay de tras. ¿Es para usted un concepto operativo?

P.V. : Para mí, se trata esencialmente de una mundialización del tiempo y de la velocidad. Hasta ahora se
ha vivido el tiempo de la historia, mientras que desde ahora
se conoce una mundialización instantánea, un tiempo inaudito,
absoluto, astronómico, que sé sale “de sus casillas”,
como decía Hamlet. Un tiempo de inmediatez y de la ubicuidad,
que se vive “en directo”. Un tiempo que hace posible
el accidente integral, la catástrofe que tiene un valor sistémico
y que, como tal, tiene como consecuencia todas las variables.
La primera alerta tuvo lugar en 1987, con la quiebra bursátil.
Hoy, con la crisis asiática, Greenspan y otros grandes sacerdotes
de las finanzas nos dicen que ya no hay garantía, y que los
fusibles empleados estallaron ya hace 10 años.

-Si hay ambivalencia, ¿cuál será la aportación positiva de Internet?

P.V.: Es el cosmopolitismo bien entendido, la ciudadanía del mundo.
Serían necesarias varias generaciones para llegar a esto, es
decir, para instruir leyes. Yo les recordaría a todos aquellos
que predican la desregulación, ya se trate de liberales o ciberpunks,
que la ley beneficia a los débiles, mientras que su ausencia
le conviene al fuerte.

- Entonces, el debate político sobre la regulación de Internet,
y en concreto sobre la censura, ¿estaría usted más bien en el
terreno de los europeos y contra los estadounidenses?

P.V.: Esto es más que una postura política, esto remite a un ser-
en- él- mundo. El pensamiento anglosajón, que es el de una antigua
potencia marítima, es un pensamiento ondulatorio, que remite
al nomadismo, a la flexibilidad, a la fluctuación, a la fugacidad
en la existencia: favorece la incertidumbre, se complace con
el relativismo, el relacionismo absoluto. Nosotros los continentales somos territoriales, nuestro pensamiento está más marcado por
el suelo y el arraigo. Las nuevas tecnologías que niegan el
aquí y ahora ignoran el in situ, nos son menos familiares.

- La tensión de lo virtual va más lejos, porque llega hasta
el fondo, pretende soltar por completo las amarras: quitarse
el lastre del cuerpo, y evacuar lo real de esta vieja tierra
extenuada y sin remedio. Algunos americanos, como J. Perry Barlow,
proponen una Constitución virtual, por ejemplo, lo cual denota
tanto un “espíritu ondulatorio” como un fondo gnóstico
o puritano y una antropología dualista.

P.V.: Esto se pudo observar bien con la secta
Heaven´s Gate, que tenía un site en Internet donde se
preparaba a la gente para que abandonase la estratosfera. Lo
virtual es inquietante cuando se vuelve exclusivo, en vez de
conjugarse con lo real. Asociar estas dos modalidades es preparar
una estéreo-realidad, procurar que dos fuentes den más lustre
y riqueza, como ocurre con el sonido. En lo que respecta a esta
reacción nihilista contra el cuerpo, hay que tener en cuenta
que el cuerpo territorial, el cuerpo humano y el cuerpo social
están indisociablemente unidos en el fundamento de lo político.
Tal es la lección que nosotros los continentales hemos recibido
de Atenas. Lo que hay que pensar más es la apuesta de una democracia
no territorializada… lo que es casi una contradicción en los
términos: un Estado – mundo fundado sobre leyes democráticas.

- ¿Se puede hablar de ciberciudadanos si no sólo no hay
cuerpo sino que tampoco hay sujetos en Internet: apariciones
evanescentes, intervenciones verbales concretas, volátiles y
muy móviles, canalizadas con precisión?

P.V.: En este punto es donde no se puede ahorrar
una reflexión sobre la ley y la relación de la ley con el sujeto.
Pero no debe ser dirigida por grupos de presión ni por individuos
como Bill Gates que estén a la cabeza de multinacionales que
quieren dar una dimensión imperialista y mercantil a un objeto
técnico. La nueva tiranía no es ideológica sino económica: la
del pensamiento único y el mercado mundializado. La cibernética
local no está en juego, a lo que se puede temer una vez más
es a la máquina total, la correlación sistemática de las poblaciones.
Norbert Wiener lo ha dicho antes que yo.

- Ha habido, y sigue habiendo, estrategias locales sobre internet
que han dado pruebas de su funcionamiento: desde Sarajevo y
las grandes causas hasta el levantamiento de censura contra
la secta de la cienciológia, o los Estados, pasando por los
foros de discusión sobre temas de actualidad. ¿Qué opina usted
de estas acciones y de las propuestas utópicas de los grupos
literarios o neosituacionistas de los años 80 que han intentado
radicalizar, por Internet, un pensamiento del “disentimiento”?

P.V.: La tecnoguerrilla existía antes que Internet, y ha demostrado
lo que podía dar de sí. Desde los años 30, con la aparición
de las radios no profesionales, se iban a dar la mano. En los
años 70, el fax facilitó algunas revueltas estudiantiles en
Italia… y hubo el debate sobre las radios libres, el recurso
del video. Con Internet se han visto movilizaciones democráticas,
pero de igual modo se ha calibrado el efecto del rumor cuando
tuvo lugar el “caso Clinton”: un único site, como
Reporto, que emite informaciones que no han sido verificadas,
puede poner en peligro a la Casa Blanca: todos los medios de
comunicación del mundo han ido a la zaga. La caja de resonancias
de Internet es ya tan fuerte como la televisión. Y el riesgo
no es la censura por privación de información sino rigurosamente
lo contrario: la censura por saturación, indiferenciación, ruido
e interferencias, babelización: todo el mundo habla, nadie se
escucha. Crece la despolitización.

- ¿Qué reproche le hace a la cibercultura, que sea folklórica
o que este manipulada?

P.V.: Le reprocho que se drogue con “la técnica dura” y
que abandone el mundo. Que cree netyonquis y alucinados de lo
virtual. Se ha entrado en la tercera dimensión; después de las
masas que han hecho la historia y la energía, la información,
que ya produce sus añagazas y sus víctimas, también debe generar
nuevas luchas históricas.

- No se puede pensar la imagen sin pensar la óptica, dice usted,
porque pasamos del régimen del objetivo al régimen teleobjetivo.
¿Cuáles son las grandes líneas y los efectos de
esta mutación?

P.V.: Nuestra visión del mundo no es objetiva sino “teleobjetivo”.
El debate en torno a la imagen está minado por la vieja
disputa entre los idólatras y los iconoclastas. Ahora bien,
no se puede pensar la imagen sin pensar en su destino. Y el
destino de las imágenes es la óptica. La primera óptica remite
a la geometría, a Galileo, al espacio real, a un medio, ya se
trate de la transparencia del aire o del agua. A mediados del
siglo XX apareció una segunda óptica, donde no se trata de rayos
que pasan a través de un medio difractado sino de una difusión
electromagnética que transporta los fotones, los electrones,
es decir, la señal digital (audio, vídeo…) que favorece ahora
una óptica numérica. La imagen es preponderante a través de
una nueva luz propia de la óptica electrónica: una luz distinta
a la del sol o la de la electricidad, indirecta, y que viene
a través de las pantallas, de los monitores, de los cascos de
visión… asistimos, pues, a un desdoblamiento de la óptica.
La primera se perpetúa y la segunda es generada por la velocidad
de la transmisión de una señal. El debate sobre la imagen está
tan minado que no se habla de esta tecnociencia. Que se ha convertido
en el lugar del poder. La mediatización, él condicionamiento
de las opiniones (cf. Berlusconi, Ros Perot…), procede de
esta óptica que es fruto de la velocidad de la luz: la transparencia
de las apariencias que induce se transmite instantáneamente
a distancia mediante una señal (transmitida o recibida). Esto
produce, entre otras cosas, la televigilancia.

- ¿Cómo piensa usted la relación entre lo real y lo virtual?

P.V.: La relación con lo real no se da sin la virtualidad de las imágenes
mentales, de los sueños del espíritu, por usar un termino clásico.
Hoy este dominio está parasitado por una imaginería virtual
puramente instrumental. El culto a la performance y el elemento
publicitario han introducido productos lisos, eficaces y perfectos
que modifican la percepción. Cada cual puede representarse a
Madame Bovary a su gusto, según sus fantasmas personales.

A Marilyn Monroe todavía se la rodea de representaciones mentales,
las jóvenes se esfuerzan por imitarla… Cuando se tiene puesto
un casco de visión sobre los ojos, es otra cosa, se está
atrapado por imágenes instrumentales. Porque se trata de una
captura que aniquila al resto. Nos dirigimos hacia un darwinismo
de la imagen: las más sofisticadas y las más “performantes”
amenazan a las otras, a las que pasan por “subdesarrolladas”.
Se impone una ecología de las imágenes si se las quiere proteger
en su diversidad: esto, que vale para la lengua, vale para las
imágenes. Todo ocurre como si la descalificación propia de las colonizaciones de antaño se aplicase en lo sucesivo a todas estas instancias de lo humano, para desembocar en último término en un darwinismo social. El proceso de digitalización ya ha comenzado y consiste en la purificación tecnológica. Ahí hace falta aún poder disponer de estas dos formas: la analógica
y la numérica; por ejemplo, el parecido de una metáfora y la
similitud de un código, por lo que se gana en exactitud se pierde
en profundidad simbólica.

- Cuando se intenta periodizar las grandes mutaciones de la modernidad
se habla de las revoluciones industrial, científica y técnica
y, como última etapa, de la cibernética. ¿Cuál
es su propia periodización de estos acontecimientos?

P.V.: Creo en primer lugar que no se ha comprendido la llegada del
motor. No sé ha visto que se trataba de la invención de un movimiento
perpetuo o casi: el motor a vapor, a explosión, eléctrico, electrónico,
a inferencia lógica en el caso de la computadora y en espera
del motor de búsqueda de Internet.

Considero, con Ernst Junger, que esto va más lejos que la revolución
industrial. Un Huygens o un Descartes no ignoraban la primacía
de esto, sin duda porque todavía podían referirse al Primer
Motor de Aristóteles, al divino. La laicización y el mercantilismo
explican su relativo desconocimiento: se ha visto la posibilidad
de reproducción en serie de los objetos, más que el aspecto
energético y dinámico. Para mí, las grandes periodizaciones
están, pues, vinculadas a la revolución de los transportes en
el sentido amplio del término, y esta revolución
está unida al motor. Hoy, el motor de inferencia lógica ha sobrepasado
el estadio de la máquina como instrumento: a la revolución de
los transportes le sucede la de las transmisiones, a cuyo término
se sitúa la revolución cibernética que hoy conocemos. Y lo que
se anuncia es la revolución de los transplantes.

Con los clones tocamos la imbricación de la maquinaria industrial
y lo vivo. Con los tecnotransplantes, que no son ya xeno-trans-plantes
animales, las micromáquinas pueden suplantar a los órganos.
Las prótesis adicionales existen ya y ahí se localizara esta
otra mecanización- motorización de lo vivo que es el genio genético,
es decir, la posibilidad informática de programar células y
de producir organismos transgénicos, clonados en el reino vegetal
y animal (como hoy se los conoce). Esta tercera revolución es
inconmensurable con relación a las otras, puesto que de aquí
en adelante el robot ya no es el doble del hombre que se encuentra
junto a él, sino que penetra en el interior mismo de
lo vivo: Es el ser cibernético que se acerca al dibbouk o al
golem.

- Según usted, la ingeniería genética no se puede desinventar,
como tampoco la bomba atómica. En lugar de instalarse en el
rechazo y el miedo, habría de pensar en la superación: no desinventar
sino inventar el desenlace, la aufhebung, el relevo.

P.V.: Me siento obligado a sostener una postura extremista. No creo
en él retroceso de la historia sino en las regresiones éticas,
humanas. Incluso cuando hay grandes catástrofes, las cosas se
retoman o se interrumpen, pero no se retrocede. “Seréis
salvados como a través del fuego”, dice San Pablo: uno
se salva cuan avanza, mirando a la Medusa cara a cara. Josué
dijo a sus tropas: “Hay que ponerse de cara al sol”
para combatir al enemigo. Y los soldados replicaron: “Estás
loco”. Él respondió: “Sacaremos brillo a nuestros
escudos”. No hay más solución que confrontarse con
la Medusa de lo virtual y de la eugenesia.

- Desde Fukuyama se habla del fin de la historia. Usted habla de una forma perdida de la historia.

P.V.: Fukuyama tiene razón y a la vez está en un error. Efectivamente,
asistimos al fin del tiempo histórico, de la larga duración,
el del tiempo local de las sociedades inscritas en los territorios
dados, de las alternancias diurnas y nocturnas, de los usos
y horarios, de las generaciones. El tiempo mundial, el de la
inmediatez, la instantaneidad, y la ubicuidad destruye los fundamentos
de la historia al suplantar las temporalidades locales. La historia
se vuelve estadística. Ya no está exocentrada sino egocentrada
en el presente perpetuo. Y este nuevo régimen del tiempo astronómico
o universal carece de referencias en cuanto al destino de los
hombres.

- Su investigación inventa un lugar en el cruce de las disciplinas
(urbanismo, estrategia, teoría de la técnica, ergonomía, sociología…)
para tratar cuestiones como la velocidad, la guerra, las nuevas
tecnologías… A este respecto, usted habla de “dromología”
o ciencia de los fenómenos de la velocidad.

P.V.: La dromología (de dromos) es la “lógica de la carrera”. Sin comprender la velocidad o la aceleración no se puede aprehender
el territorio. El territorio se define, en efecto, como el medio-
velocidad regido por el animal (con la domesticación del caballo),
después como el de la potencia marítima, seguido del de la revolución
de la industria y de los transportes. Hoy se asiste a la puesta
en practica de la velocidad absoluta del dominio electromagnético.
La velocidad es, pues, un medio. Y el territorio es entonces
a la vez aquello que permanece y que se cultiva y lo que pasa.
La dromología surge a comienzos del siglo con los futuristas
y se nutre del pensamiento de la técnica a partir, sobre todo,
de Heidegger. Yo me esfuerzo por abordar todo dominio en términos
de velocidad, determinando qué tipo de aceleración está
en juego. La dromología sería a la sociedad moderna lo que la
musicoloía a la música moderna: una inteligencia rítmica, coreográfica,
de los grandes flujos y movimientos del pensamiento, de las
conquistas. Porque, si ésta es la época del dinero, la velocidad
es el poder o la cara oculta de la riqueza. La revolución de
los transportes ha llevado hasta su punto más alto una
aceleración máxima que desemboca hoy en la velocidad de la luz
de las ondas electromagnéticas, haciendo posibles las teletransmisiones,
las redes electrónicas etc., en una palabra, la mundialización.
El gran encierro del que hablaba Foucault no tuvo lugar en el
siglo XX, y se perfila en el XXI.

- Usted va muy lejos a este respecto porque contrariamente a Deleuze,
que piensa la velocidad como intensidad liberadora, usted no
vacila en evocar el fascismo.

P. V.: Desde 1910 el futurismo ha introducido
con la velocidad el odio del mundo. El fascismo lo definiría
en primer lugar como asalto. Para Heidegger en Friburgo, el
ser es el asalto; tras la guerra, es la espera… Indiscutiblemente,
el fascismo y la velocidad se emparejaron para provocar una
reducción del mundo, por lo demás aprobada por Hitler cuando
afirma en 1943: “El mundo es en adelante demasiado pequeño
para la guerra”. En el nazismo, paralelamente a Auschwitz,
se produce la exterminación mediante la Blitzkrieg, es
decir, por el asalto absoluto.

-En la actualidad, hay fascinación por el ciberespacio. Usted se
encuentra entre los que critican este nuevo avatar del mito
de la comunicación. ¿Cómo define usted este territorio?

P.V.: El ciberespacio es la última forma de la cibernética social,
es decir, de la interconexión de los individuos y de la puesta
en la red de lo viviente. La cibernética, según Wiener, se define
como una ciencia del gobierno. Si la velocidad es el poder,
la velocidad absoluta que permite la cibernética instantánea
es el poder absoluto. Se podría asistir a un condicionamiento
mundial de las sociedad de y por el ciberespacio. Y, respecto
al espacio, se trata sobre todo del tiempo, ya que aquí el territorio
se confunde con la tierra, es decir, con un espacio limitado.
Nosotros somos la única sociedad que ha alcanzado los límites
planetarios. La mundialización es el fin del mundo, no en sentido
apocalíptico, sino en el sentido de un acabamiento, de una clausura.
El ciberespacio señala el advenimiento de este medio- velocidad
absoluta, convertido en pole position de la carrera.
El medio político por excelencia. La puesta en práctica de la
velocidad de la luz hace que la Tierra en cuanto a extensión
se reduzca, por así decirlo, a nada, y que el único lugar que
subsista sea la velocidad misma. Cuando Einstein habla de la
relatividad, se refiere a los espacios cósmicos, a la velocidad
de las partículas. La velocidad de la luz es, como su nombre
lo indica, un horizonte cosmológico. Hoy la relatividad ha sido
repatriada en la Tierra, a escala de la vida cotidiana, y nosotros
debemos regularla a través del ciberespacio, ¡hic et nunc! (*)

(*) Fuente: “Hay que defender la historia”, entrevista con Paul Virilio,
por
Rachid Sabbaghi y Nadia Tazi; editada con anterioridad en
El Pasante. No. 27-28.
Madrid, España; y Hemeroteca:Virtual ANUIES
hemerodigital.unam.mx/ANUIES, Asociación
Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior
http://www.anuies.mx .

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