post Category: arquitectura,eventos post Comments (1) postOctober 6, 2006

[extraído de: s u p e r b l o g ]

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Hasta ahora, lo que he visto….es que no hay nada nuevo bajo el sol.

España con proyectos de mujeres al borde de un ataque de ideas, Suiza y San Pedro de Macorís en manos de Tschumi.

- Pabellón de Suiza
Bernard Tschumi Architects, Elliptic City: Independent Financial Centre of the Americas, Juan Dolio, D. R. 2006

image2-elliptic_housing.jpg

- Pabellón de Corea

koreapavillion.jpg

- Pabellón de Francia

francepavillion.jpg

- Pabellón de Italia

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fuente: design boom

- Ciudades sin arquitectura
La décima edición de la Bienal de Arquitectura de Venecia, que se
desarrolla en la ciudad italiana hasta el 19 de noviembre, se enfrenta
a los problemas provocados por el actual desarrollo urbano
descontrolado. El resultado es un panorama cargado de buenas
intenciones pero falto de soluciones convincentes.
RICHARD INGERSOLL
BABELIA -EL PAIS- 16-09-2006

densitavenezia.jpg
Después de ser acosado por estadísticas y vistas aéreas, uno empieza a
echar de menos la compañía de autores célebres o al menos de un cierto
sentido de proyecto arquitectónico
Un sobrecogedor imperativo moral planea sobre la Bienal de Venecia de
este año, la exposición de arquitectura más importante del mundo: es
necesario hacer algo antes de que la masa urbanizada invada el planeta.
Que la arquitectura sea el problema o sea la solución sigue siendo una
gran incógnita. El título de la muestra, Ciudades, arquitectura y
sociedad, es especialmente impreciso en cuanto a que el contenido de la
exposición principal, situada en la sala de la Cordelería del Arsenal
de Venecia (larga como un estadio), está dedicada a 16 regiones urbanas
de un tamaño y complejidad tal que ya no pueden llamarse “ciudades”.
Cualquiera de ellas -Londres, Tokio, Nueva York, México DF, Bombay,
Shanghai- está compuesta por la fusión de varias ciudades en torno al
núcleo de una ciudad histórica y cada una de ellas comprende una
megalópolis en expansión de millones de habitantes en zonas que
normalmente ocupan más de 50 kilómetros de diámetro. Además de esta
anomalía lingüística, la exposición principal padece una ausencia más
significativa, no hay “arquitectura”, es decir, no hay obras que se
puedan considerar como proyectos memorables mediante una serie de
dibujos, maquetas o fotografías reveladoras. Los edificios y proyectos
que se pueden ver en la impresionante serie de películas y fotografías
utilizadas en la muestra son sospechosos, siempre circunstanciales en
relación con una realidad mayor. En principio, esta falta de
arquitectura le sorprende a uno gratamente en una muestra conocida por
sus incestuosas relaciones con los arquitectos estrella y por el
fomento tendencioso de modas formales. Pero después de 300 metros de
ser acosado por estadísticas y vistas aéreas, uno empieza a echar de
menos la compañía de autores célebres y de sus obras de marca, o al
menos de un cierto sentido de proyecto arquitectónico.

El director de este año, Richard Burdett, profesor de la London
School of Economics y asesor arquitectónico del alcalde de Londres,
además de adjudicar el León de Oro a la trayectoria profesional a su
amigo íntimo Richard Rogers, ha evitado calculadamente cualquier noción
de criterio para la arquitectura. Las buenas intenciones, sin embargo,
abundan. Adornando las paredes se encuentran palabras como
sostenibilidad o justicia social, pero no se las dota de un contenido
estético particular, ni tampoco a través de los pocos ejemplos, como el
sistema de transporte de Bogotá, se hace uno a la idea de lo que se
debe hacer. Un proyecto ejemplar de regeneración urbana, como por
ejemplo el de 22@ de Barcelona, se encuentra mezclado con cientos de
imágenes de otras cosas que hacen que se pierda por completo.

La alarma en torno al crecimiento urbano incontrolado ha venido
sonando con frecuencia desde finales del siglo XIX, cuando Ebenezer
Howard, en reacción a las densidades inhumanas de Londres, la primera
megalópolis sin límites del mundo, propuso la Ciudad Jardín como forma
de restaurar el equilibrio entre ciudad y naturaleza. Dos generaciones
más tarde, Josep Lluís Sert publicó las nociones modernas de urbanismo
descentralizado en su tratado Can Our Cities Survive? Y más de 50 años
antes, el más influyente historiador del urbanismo, Lewis Mumford,
bramaba constantemente en contra de la dispersión incontrolada y del
crecimiento urbano. El pabellón holandés comisariado por Aaron Betsky
retoma algunas de las vistas aéreas que muestran cómo los arquitectos
holandeses afrontaron históricamente la cuestión de la superpoblación
urbana, utilizando dibujos de archivo de proyectos en perspectiva, como
el plan de Berlage para Amsterdam Sur de 1910 o el plan en forma de
colmena para Bijlmermeer de 1960. El pabellón austriaco, comisariado
por Wolf Prix, también se remonta a proyectos históricos de utopías
urbanas, incluyendo una recreación de la “City in Space” de Frederick
Kiesler y de los collages de portaaviones en campos de trigo de Hans
Hollein de 1964. Estas obras del pasado eran de hecho lo más cercano al
contenido arquitectónico que se puede encontrar en la bienal. La única
otra pieza verdaderamente inspiradora desde el punto de vista formal
está dedicada al nuevo sistema subterráneo del metro de Nápoles, una
serie de “estaciones del arte” coordinadas por Achille Bonito Oliva y
diseñadas por arquitectos y artistas internacionalmente conocidos tan
diversos como Dominique Perrault y Anish Kapoor.

Si el problema de la urbanización desenfrenada es ya bastante viejo,
¿cuál es la novedad del análisis de Burdett? En realidad, nada, salvo
la consideración de las dimensiones cada vez mayores del fenómeno y de
la influencia de las tecnologías de la información, que han dado lugar
al concepto de “flujos”. Él asegura que en 2050 el 75% de la población
mundial vivirá en entornos urbanos y, dado que la mayor parte de Europa
y de los países desarrollados ha superado ya este cupo, no parece tan
descabellado. Sin embargo, el crecimiento urbano descontrolado es un
problema desagradable en cuanto a las consecuencias ambientales, pero
no ha dado lugar a una exposición que aporte soluciones convincentes
(es un poco como andar a través de un libro de geografía). Ha habido
otras exposiciones recientes como Metacity/Datatown (1999) y Mutaciones
(2000) que tuvieron mucho más éxito en crear un método gráfico para
apreciar la diferencia cuantitativa entre las megalópolis actuales.

Un sorprendente número de pabellones nacionales están dedicados a lo
que se podría denominar urbanismo “cotidiano”. De hecho, el pabellón
australiano utiliza literalmente el término, el belga está dedicado a
la “belleza de lo común” y los del Reino Unido, Hungría, Corea y muchos
otros trabajan con la omnipresencia de los paisajes vernáculos y
comerciales, que normalmente escapan a la influencia de los
arquitectos. El excéntrico japonés Terunobu Fujimori está representado
en ese pabellón nacional, presentando un movimiento denominado ROJO
(Roadway Observation Society). El visitante tiene que quitarse los
zapatos para pasar a través de unos muros de madera carbonizada a una
estancia pavimentada con alfombras de tatami para apreciar la extraña
colección de cosas que se encuentran por el camino y las misteriosas
inserciones de casas de té del arquitecto a esos paisajes.

El pabellón de Estados Unidos
va como siempre por caminos distintos a los del resto del mundo. La
elección del huracán Katrina como tema podría haber sido adecuada,
teniendo en cuenta que la mayoría de las grandes aglomeraciones urbanas
se enfrenta a un grado considerable de riesgo de desastre. Este tema
fue explorado de manera interesante por Paul Virilio en su exposición
Ce qui arrive de hace dos años en París. En la primera parte de la
exposición, del fotógrafo Michael Goodman, se muestra la dimensión
geográfica de la inundación, pero el comisario Robert Ivy evita por
completo el escándalo internacional del desastre de Nueva Orleans y el
escándalo continuado de la indiferencia e inacción del Gobierno. El
resto de la exposición presenta simplemente elegantes proyectos de
soluciones sobre pilotes realizados por estudiantes que nunca se
llegarán a construir.

El pabellón español es uno de los más satisfactorios formalmente y,
aunque incluye muchos buenos proyectos urbanos, el enfoque se centra
exclusivamente en la presencia de mujeres. Presenta una serie de tres
docenas de cajas de luz blancas, cada una con una pantalla vertical de
vídeo que muestra a una mujer por encima de la cintura hablando de
cuestiones urbanas. El comisario, Manuel Blanco Lage, al estilo de
Pedro Almodóvar, ha producido una versión exclusivamente femenina de un
mundo que está dominado normalmente por hombres, presentando a las
mujeres que trabajan como urbanistas, políticos, artistas, promotoras,
vendedoras ambulantes y, por supuesto, arquitectas. La arquitecta Carme
Pinós ha comentado: “¡Todo el mundo dice lo bien que salgo en el vídeo,
pero parece que nadie se fija en mi torre!” (la recientemente terminada
Torre Cube de veinte pisos de altura en Guadalajara, México). Y éste es
el espíritu del conjunto de la exposición, que resta importancia al
papel de la arquitectura.

El pabellón francés es con mucho el más exuberante

y popular y quizás el que mejor capta el ambiente general de la bienal
de este año definido como “ciudades sin arquitectura”. Se expande por
fuera y por encima de la galería neoclásica, con tumbonas y mesas de
juego desperdigadas a su alrededor. Dentro, uno se encuentra con
andamios que albergan una cafetería, un restaurante y un taller de
artesanos que hacen camisetas y otros objetos de recuerdo, y la
estructura soporta una escalera que sube a una improvisada terraza en
la cubierta. Un asunto hedonista, juguetón y deliberadamente complicado
muy en la línea de Lucien Kroll, que estuvo implicado en su concepción.
Esta invasión de la estructura existente constituye un relevante caso
de diseño participativo a través de la adaptación, como fórmula opuesta
al orden formal impuesto de los arquitectos. No es exactamente una
celebración de la arquitectura, pero sí una lección importante para
convivir
-

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#1

Un trabajo que hicimos para el Pabellón Español en la Bienal de Arquitectura de Venecia, bajo la dirección de Manuel Blanco, una serie de modelos 3D de novísima arquitectura española recreados para Google Earth, se ha hecho público ahora en Internet.

Se hizo para una video-instalación de 16 pantallas mostrando vuelos en Google Earth, visible en Venecia hasta el 19 de noviembre.

Pero ahora el fruto de ese trabajo se puede ver en cualquier ordenador conectado a la red, teniendo Google Earth 4.

Más enlaces: Un vídeo;
capturas de pantalla y las localizaciones en Tagzania

Tagzania wrote on October 23, 2006 - 12:05 pm
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